Hampi, Mysore, Allupey, Cochi

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El 28 de agosto llegué a Hampi y pasé allá cuatro noches. Tras descansar del largo viaje al día siguiente me dedique a andar un poco por los alrededores. La también llamada Ciudad de la Victoria fue la capital del Imperio Vijayanagara hasta 1565 y contempla una amplia zona de ruinas y templos llena de rocas enormes que te hacen preguntar de donde demonios han salido.

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Además es una ciudad sagrada y la religión está muy presente. De hecho hay mucha gente que peregrina hasta aquí. Es una pena que el tiempo no haya acompañado mucho porque todo está bastante desperdigado y se trata de ir de aquí para allá. Aún así el tercer día hice una excursión con un guía en bici por los diferentes templos junto con tres griegas muy majas que había visto en Gokarna (el guía iba en moto el caradura, jaja!).

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Este día a la tarde dando una vuelta por los templos cercanos empecé a conversar con un chavalillo que estaba sentado donde se vendían las entradas a una zona de templos. A la salida seguimos hablando y tras un rato me marché. Parecía muy simpático. El cuarto día por la mañana alquilé una moto y me dediqué a ver los templos más lejanos. Por suerte esta zona es tranquila y no hay tanto caos circulatorio. Como echaba de menos moverme libremente.

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A la vuelta como algo y paseando por la zona del río me vuelvo a juntar con el chico del día anterior. Está sentado al lado de un hombre que vende cacahuetes, hablamos un poco y decide acompañarme y dar una vuelta conmigo. Se gira, coge una muleta y se levanta. Le miro las piernas y tiene una deformada e inservible para caminar. Nos sentamos de cara al río y me cuenta que ha ido allá con la intención de montarse un taller de artesanía. Le pregunto por la familia y me dice que murieron todos en un accidente y que está solo y con la pierna mal por culpa de la Polio. Mal carma, susurra. No tiene más ropa que la puesta, duerme en el templo pasando frío y aún así saca unos cacahuetes del bolsillo y me echa un montón de ellos en la mano. Le devuelvo enseguida la mayoría y le pregunto si ha comido. Me dice que no y que pasa hambre. Tiene 16 años y no tiene donde caerse muerto. No se muy bien como reaccionar y le acabo dando algo de dinero y me voy al hostel a tumbarme un poco y pensar. Vaya tela.

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Ya tenía los billetes comprados en una de las múltiples agencias que te cobran un poco y te ayudan a comprar los billetes que necesites, y marché el último día a la tarde hacia Hospet para coger un tren nocturno con destino a Mysore, ciudad del Palacio del Maharaha. Llegué allá sobre las 7:30 de la mañana a mi hotel y resulta que son habitaciones de 24 horas y tengo que marcharme el día siguiente como tarde a las 8. Así pues aprovecho el día y me voy a la mañana a visitar el Palacio del Maharaha.

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Por fuera es bonito pero por dentro tiene estancias que son increíbles. Con infinidad de columnas y arcos pintados con colores que casan a la perfección. Una verdadera maravilla para la vista. Se nota que es una obra relativamente nueva (poco más de 100 años) porque el estado de conservación es impecable.

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Mucha gente te pide sacarte una foto en India como si fueses famoso. Esta vez aproveche yo también.

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A la tarde paseando por el mercado empecé a hablar con uno de estos típicos caza-clientes. Le dije que iba a ver una iglesia (se me hizo rara la respuesta pero era cierto, jeje) y el me dijo que iba de camino. El tipo parecía majo y me empezó a hablar del mercado de los aceites y de los inciensos. El iba donde un amigo que vendía este tipo de cosas. Llegamos a la iglesia y el tipo se despide. Le pregunto si puedo acompañarle y acabamos los dos en una habitación llena de frascos de aceites y de inciensos con su amigo el vendedor. El olor es muy agradable y me da a oler unos cuantos de los aceites. Una maravilla.

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Me recuerda a el libro de El perfume y disfruto un montón con las diferentes fragancias. Al final le acabo comprando tres frasquitos, me regala unos inciensos que hacia una mujer allá mismo y me dirijo otra vez con el mismo tipo hacia el palacio (es domingo y me han dicho que lo iluminan a la noche). Llegamos y lo que antes era una fachada muerta luce con una infinidad de bombillas anaranjadas. Un regalo inesperado.

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De repente me llaman y me encuentro de frente con la pareja alemana con la que había llegado a Hampi. Reímos sorprendidos y caminamos un rato juntos. Por fin nos sacamos una foto y nos despedimos, esta vez para siempre, me imagino.

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Llegando al hotel me junto con una camioneta repleta de altavoces, la música a tope y un montón de gente de fiesta. Es el festival de la diosa Ghanesa y la gente anda alborotada. Saco un par de fotos, rechazo una invitación de unirme a bailar y me voy al hotel. La próxima vez me tengo que animar a participar, pienso mientras me quedo dormido.

Mi próximo destino era Cochi, pero para ello tenía que coger un tren hasta Bangalore, esperar seis horas y coger otro tren en el que pasar la noche y llegar a Cochi. Todo sale según lo previsto y llego a Cochi a las 7:00, cansado y con sueño. Aún así y tras repasar mi libro de la India en el viaje he decidido coger otro tren hasta Allupey, que es el mejor centro para poder hacer el famoso Backwater. Mientras espero llega una pareja con cara de españoles y me parece apreciar un hola cuando nos saludamos. De pronto la chica se sienta al lado mío, no me aguanto, y le pregunto directamente en castellano. Diana. Mario es de Lugo y Cristina de Madrid y viven en Lugo trabajando como arquitectos. Van hacía Allupey y acabamos siendo compañeros de viaje durante tres días. Dormimos en el mismo hostel y allá alquilamos una barca para salir el día siguiente. Al viaje se unen dos mujeres Alemanas altas, rubias y de ojos azules de entre 50 y muchos y sesenta y pocos que fueron a argentina exiliadas y hablan en argentino. Para verlas y escucharlas. Una de ellas argentina y psicóloga, no digo más. Una grata sorpresa.

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El backwater trata de navegar apaciblemente por una zona muy especial llena de canales, diques, palmeras y campos de arroz. Con lo que pagas te incluyen todas las comidas y no paramos de comer y charlar durante todo el viaje. Conversaciones muy profundas algunas y otras de mucho nivel documental. Soy el más joven de todos y me doy cuenta de que tengo mucho por aprender todavía. Pasamos la noche en el barco y dormí en una cama prácticamente al aire libre, rodeado de tranquilidad y reflejos en el agua.

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Al día siguiente regresamos a Allupey y decido pegarme un baño con Mario y Cristina en la playa antes de marchar hacia Cochi otra vez (lanzadera a Munnar y con sus famosas redes chinas para pescar). Después vamos a la estación de autobuses y nos despedimos. Ha sido un verdadero placer y he agradecido hablar unos días en castellano.

Llego a Cochi a la noche y tras alojarme en la zona de Fort Cochin me voy a dar una vuelta por los alrededores. Echaba de menos desde mi llegada a Tanzania el poder andar tranquilamente por la noche. La zona es muy tranquila y me encuentro con unos cuantos turistas que merodean como yo. Al día siguiente dejo la mochila preparada en el hostel y me doy otra vuelta. Veo como usan las redes chinas y me parece algo arcaico. Cuando la mueven parece que estén cargando una catapulta y para colmo los cuervos que merodean les suelen birlar algunos de los pocos peces que me parece que cogen. Aún así me parece increíble que este tipo de cosas sigan funcionando.

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Después me junto con un conductor de Richshaw y me ofrece un circuito por los alrededores por 50 rupias. Es menos de un euro y me parece una buena idea para conocer algo antes de coger el autobús a Munnar. Me dice algo más pero no le entiendo muy bien, cosa que si haría después. La cosa era que siendo el precio del circuito tan bajo yo tenia que entrar en tres tiendas y pasar al menos 5 minutos dentro para así poder ganar un litro de combustible. El hombre al menos me lo dijo desde el principio pero en la primera tienda que tuve que entrar no me gusto nada. Entrar en una tienda en la que sabes que no vas a comprar nada y en la que tienes a alguien siguiéndote, explicándote y preguntándote todo el rato no me hace sentir nada cómodo. Tras ver algún templo y salir de la segunda tienda hablamos y decidimos acabar el viaje. Sorprendentemente no me pide dinero ni pone mala cara.

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Vuelvo andando a por mi mochila, cojo un barco que me lleva cerca de la estación y tras sudar un buen rato llego y cojo el autobús. Parece que lleve piedras. Que ganas tengo de abandonar Nepal y dejar bien de cosas allá.

3 comentarios en “Hampi, Mysore, Allupey, Cochi”

  1. Muy guapo ese sitio!!!! pero tio… no tienes otra camiseta que la de Tanzania?? Menos mal que pasaste antes a comprarte ropa por áfrica que si no….. 😉 Que envidia sigues dando cabroncete!!!!!

  2. Buahhh! Que ganas de que llegue el día 28!!! Muy guapo! Aunque vaya palo lo del chaval no?? Aún yendo avisado tiene que marcarte y mucho

  3. Opino como tu hermano: veo que no te has cambiado de camiseta desde que abandonaste Tanzania. Y ya tampoco nos afeitamos? Que te pases el día viajando no quiere decir que te tengas que dejar las normas básicas de higiene en casa.

    Por lo demás, un progresas adecuadamente.
    Sigue así txabal!!!

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