Dalat, Mui Ne

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Esta vez cogí la moto dirigiéndome hacia el interior hasta llegar a Dalat. Recorriendo una carretera de montaña que me brindó preciosos paisajes llegué a mi destino, y resultó que me volví a juntar con Mary y Luisa, mis compañeras anteriores.

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Me alegré un montón de volver a verlas y nos fuimos a sacar fotos y cenar juntos. Me dieron un montón de recomendaciones de la zona, y si mal no recuerdo al día siguiente ya se marcharon. Las echaría de menos en adelante.

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En el hostel había una excursión para hacer descenso de cañones por 20 dólares, y finalmente me animé a ir. Parecía una buena excusa para hacer algo diferente y conocer gente. Y creerme, participar en este tipo de tours es una fácil manera de hacer amigos. Conocí a un grupo que estaba de voluntario en Ho Chi Minh y viaja aprovechando el fin de semana, y a un inglés (John) muy majete.

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El descenso fue divertidísimo y además me llevé un puñado de nuevos amigos con los que haría planes los próximos días. Desde salir de fiesta y acabar en la casa del dueño americano del local (enamorado del “Basque Country” y que era capaz de tocar casi cualquier instrumento), comiendo queso y bebiendo vino francés, a visitar la cercana fábrica de seda o una de las plantaciones de café.

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En compañía de John realicé varias excursiones y disfrutamos también del trayecto en moto. Es una zona perfecta para ello. Muy recomendable alquilar al menos una moto allá y visitar los alrededores.

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Pasé tres noches en Dalat y marché camino a la costa otra vez, encantado con la visita y subrayando el sitio en el mapa. Esta vez tocaba bajar de las montañas y otra vez más fue un caramelito para mi moto.

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Creo que a esta carretera le llaman “la carretera de las mil curvas” y bien merece el seudónimo. A mitad de trayecto a Mui Ne la cosa cambia bastante pero buscando rutas alternativas seguí disfrutando de la conducción.

Legué a Mui Ne tras pasar al lado de las dunas que visitaría más adelante, y me instalé en un sitio con piscina y muy cómodo, con la intención de descansar un par de días y disfrutar de mis últimos días viajando en solitario. En Filipinas me esperaba Julen, mi nuevo viejo compañero de viaje, y toda la gente que iría a la boda de Mikel y Kara.

El primer día apenas hice nada y tan solo di una pequeña vuelta por los alrededores. Pero, cual fue mi sorpresa cuando al día siguiente me junté otra vez con Xavi y Gonzalo en el hostel. Tenían pensado hacer un tour a las dunas, pero yo preferí ir en moto. De todas formas, por el camino me pasaron con el jeep que les llevaba y no tuve más que seguirles hasta allá sin perderme.

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Las dunas blancas están algo más lejos que las naranjas, y aunque eran realmente curiosas el ruido de los Quads que alquilaban allá fastidio bastante el encanto de la zona. Las naranjas, sin embargo, están más cerca del pueblo y es más tranquilo visitarlas. El color es realmente impactante y estuve sentado un buen rato maravillado por el contraste de colores con el mar y el cielo.

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Arratsalde horretan arrantzaleen gunera hurbildu nintzen ilunabarra ikustera eta ordubete inguru egon nintzen itsasoari begira, eserita. Han geldirik zeuden hamarnaka itsasontziak bistan eta inguruan zeuden ume batzuekin jolasean. Oso entretenigarri izan zen beraekin egotea, eta jolasteko ezer gutxi izanda eta batzuetan turistei diru eske bazeuden ere, zoriontsu zeuden elkar zirikatuz edota atzerritarren harreta bereganatuz. Benetan alaiak eta jatorrak.

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Patsada handiz hartutako bi egunen ondoren Vietnam-eko bidaiaren azken punturantz abiatu nintzen. Bidean topatutako jendeak esanda Ho Chi Minh-en motorra gidatzeko leku kaotikoenetariko bat itxaroan nuen, eta horren lasai egon ondoren ez nuen horretarako gogo handirik…

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