Ho Chi Minh, Cu Chi

El trayecto a Ho Chi Minh fue cambiando conforme me acercaba a la gran ciudad. El tráfico cada vez se tornaba más denso y el camino se redujo a seguir adelante. Aún así, me metí sin pretenderlo por un tramo de autopista que estaba en obras pero prácticamente en prefecto estado, y atajé un buen cacho en solitario y sin que nadie me dijese nada. Tenía mirado un hostel en la zona donde se concentran los mochileros y fue toda una locura llegar hasta allá. El tráfico de motos es irracionalmente denso y cada uno va por donde le da la gana. Pese a parecer imposible todo parece funcionar a su manera, creando un indescifrable baile de vehículos. Apenas puedes levantar la cabeza un momento para ver donde estás.

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Por fin llegué y pude relajar los brazos y descansar del viaje un rato. El hostel estaba bien pero sin duda lo mejor eran las vistas desde el bar de la azotea. Sin tener demasiados motivos me sentí algo triste al ver que esta parte del viaje se acababa, así que me mimé un poco y fui a cenar a mi primer restaurante japonés. Me comí un suculento Ramen y me retiré a dormir reconfortado.

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Tenía que vender la moto y una de las chicas del rafting que estaba por allá ya me había dicho que me pasase, que quería ver la moto y comprarla. Así de fácil. Sin perder tiempo fui para allá y resultó que había otro chico también intentando vender su moto. Bueno, pues al final otro compañero del rafting también se animó y acabaron comprando las dos. Además, el chico que me la compró no tenía inconveniente en que la usase un par de días más, y poder así ir por mi cuenta a los túneles de la guerra de Cu Chi.

Más tranquilo ya, usé esa tarde para ver el recomendado Museo de la Guerra. Digamos que aquí se muestra la guerra desde el punto de vista norvietnamita, y es cuanto menos estremecedor. Tienen todo tipo de maquinas de combate en la entrada, desde tanques a helicópteros y aviones, y adentro tres pisos de exhibición.

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Los más impresionantes los dos últimos, donde te muestran desde todo tipo de armamento a fotos impactantes, alguna de ellas conocida mundialmente. También hay una zona dedicada a los ataques con el temido Agente Naranja, donde se pueden ver las malformaciones que creó en los descendientes de aquellas personas que lo padecieron. Muy impactante. Y por último, una colección de fotos dedicada a los periodistas que murieron en el conflicto. Todo muy interesante aunque te deja una irremediable sensación de malestar.

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Al día siguiente cogí otra vez la moto y fui a visitar los túneles. Resultó una visita muy turística, pero la verdad es que impresiona. La zona está llena de cráteres provocados por bombas, y los túneles impresionan por lo pequeños que son y la gran red que forman. Además, también tienen una zona donde te muestran el tipo de trampas que ponían los vietnamitas, e incluso podías hacer tiro con armamento real (cosa que no probé).

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Ya de vuelta al hostel me volví a juntar con un australiano muy majo que trabaja en Singapur y con el cual había hablado brevemente antes, y estuvimos tomando algo en la terraza. Me dijo que había quedado para cenar con una pareja que se iba a casar en un par de días, me animé a acompañarlos, y resultó que al final me acabaron invitando a la boda. Tristemente no fui por que iba a andar muy justo con el vuelo a Filipinas, pero realmente me sorprendió la invitación. Que gente más elegante.

Al día siguiente llegó al hostel Xavi, el catalán que había conocido en Jungle Beach, y nos fuimos a cenar y tomar algo. Y la sorpresa fue que nos acabamos juntando con Gonzalo también (se habían separado un par de días). Celebramos el reencuentro y acabamos saliendo de fiesta sin tampoco alargarnos demasiado.

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Los siguientes dos días estuve tranquilamente por la zona, recordando todo lo vivido durante los meses anteriores. Una etapa terminaba y tenía que ir preparándome para lo que en Filipinas me esperaba. Un viaje organizado durante un mes que se plasmaba en la trabajada hoja Excel de mi amigo Julen  y con un montón de invitados a la boda, los cuales desconocía generalmente. Un mes donde no era necesario pensar demasiado y podría también disfrutar del confort de los sitios en los que íbamos a estar. Por no mencionar las interesantes excursiones que nos esperaban. Todo a cambio de no hacer todo lo que uno quiere.

Vietnamen indar handirik gabe hasi eta inguruak eta jendeak indarberriturik alde egin nuen. Turista asko bidean aurkitu baditut ere, herrialde maitagarria iruditu zait. Leku turistikoenetatik kanpo ere bada benetazko herrialdean murgiltzerik eta bertan bizi nituen ahaztuko ez ditudan esperientziarik gehienak. Bestalde, hazkuntza prozesu bortitz batean dagoen herrialdea da, eta hurrengo urteetan laister aldatzen joango dela dirudi. Espero dut benetazko izaera hau mantentzerik izatea.

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