Filipinas! Siquijor, Dumaguete y Apo Island

Llegué al aeropuerto de Manila el 8 de febrero con ganas de conocer a la gente que me esperaba, y tras coger un taxi blanco (como bien me había recomendado Kara) llegué a casa de su madre. Allá me encontré con Kara y Mikel, futuros marido y mujer y perfecta escusa para adentrarse en el paraíso filipino. Abrazos, preguntas, agradecimientos … y fuimos donde los demás estaban cenando. Me reencontré tras siete meses de viaje con Julen (amigo de la cuadrilla y compañero de viaje durante los próximos meses), Moncho (antiguo compañero de piso de Julen, al que ya conocía), Roberto (de la cuadrilla de Mikel con el que había coincidido un par de veces) y mucha gente que conocería en adelante y que había venido a la boda.

Cuando acabaron de cenar, todos los que al día siguiente volábamos a Dumaguete (camino a la isla de Siquijor) volvimos a casa de Annibon (la madre de Kara), y después de una sesión de masaje en la que fui el único que se quedó mirando (que envidia pasé, cabrones) nos fuimos a dormir. Para entonces el grupo ya tenía muy buena pinta.

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Tras un buen madrugón y toda la mañana de viaje llegamos a Siquijor, donde pasaríamos dos noches. Nos plantamos en el puerto Julen, Moncho, Iñaki, Roberto, Jorge y yo, y  encajonándonos los seis dentro de un triciclo llegamos a Casa de la playa, nuestro choco en la isla.

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Se trata de un complejo de casitas al lado de la playa, muy acogedor, y resultó perfecto para estar a nuestro aire.

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Alquilamos motos -“oh my god”, Iñaki :o)- y recorrimos toda la isla, exploramos la playa a la noche asombrados con la vida nocturna que allá se escondía bajo un espectacular manto de estrellas, nos bañamos en unas cataratillas (incluso mi viejo móvil; madre mía que espabilado que soy) donde Moncho se llevó el susto de su vida con una pitón, hicimos esnorquel, comimos comida callejera, nos percatamos enseguida de la amabilidad de la gente local …

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La verdad es que los dos días que estuvimos allá dieron para mucho, se consolidó el grupo de “El Muro” (aunque aún faltaba Hector, digo, Ibai), y salimos de la isla encantados de la misma.  Un comienzo difícil de mejorar. Digamos, por mencionar algo, que lo peor fue cuando el primer día llegamos hambrientos y nos dimos de frente con el ritmo filipino ¿Que son casi dos horas de espera tras pedir algo de comer? Philippino style! Tranquilidad y a disfrutar, que no hay prisa.

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Tras la visita a la isla volvimos a Dumaguete, donde pasaríamos otro par de noches. Allá conocimos a más gente de la cuadrilla de Mikel y sus parejas e hijas, todos muy majetes también (Eneko, Itziar, Imanol, Naroa, Amaiur eta Araitz). Comimos y cenamos juntos entre risas, y está vez ya si que tocaba salir un rato de fiesta. Fue de esas noches surrealistas en las que a la mañana siguiente no paras de reírte recordando las cosas que pasaron: sirenas de guerra cuando estábamos meando en la calle en un edificio, bailes inolvidables, situaciones embarazosas, mil risas … lástima que os la perdieseis :o)

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Al día siguiente, sin embargo, tocaba sufrir la resaca, despertarse temprano e ir a bucear a Apo Island. El grupo aquí se dividiría entre los que ya teníamos el Open Water (por mucho que le sorprendiese al instructor porque estábamos bastante verdes, jajaja) y los que no. De todas formas, al principio fuimos todos juntos en el mismo barco hasta las inmediaciones de la isla donde bucearíamos. Y aquí es donde empezó la fiesta. El mar estaba tan plano como una sopa y de repente apareció un grupo de delfines saltando alegremente. El capitán del barco no quiso perder la oportunidad y tras virar el timón fuimos en su busca.

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Bastó acercarse un poco para que viniesen rápidamente, y nos regalaron un par de minutos que difícilmente olvidaremos. Antes si quiera de meternos al agua la excursión ya había merecido la pena.

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En lo que al buceo se refiere, personalmente fue el mejor que hice en Filipinas. Fueron tres inmersiones en las que el entorno fue variando desde coloridos corales hasta un entorno volcánico donde salían burbujitas del suelo, y la vida marina que vimos fue espectacular. Especialmente las tortugas y una increíble sepia que cambiaba de color mimetizándose con el entorno y que parecía una animación 3D. Impresionante.

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Tras el buceo volvimos a cenar todos juntos y nos contamos las batallitas vividas durante el día. Nos comimos un suculento Cordon Blue que aunque bueno no llegó al nivel del de la noche anterior, y tras pasear un rato nos fuimos a dormir. Al día siguiente tendríamos que volver a madrugar …

2 comentarios en “Filipinas! Siquijor, Dumaguete y Apo Island”

  1. Que dices! ¿Estas ya en Filipinas? Vete a Oslob que mola mazo, ya verás!

    Que sepas que lo de el masaje a mi también me dolió. Apretaban fuerte las cabronas.

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