Camiguin, Siargao

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Llegó el momento de viajar con Julen. Después de haberle dado la chapa durante mucho tiempo, allá estaba dispuesto a aguantarme durante los próximos seis meses, si todo va bien. Teníamos pensado ir a la isla de Camiguin, recomendado por Mikel, y movernos desde allá a Bohol (donde están las famosas Chocolate Mountains) si era posible.

Cogimos otro avión de par de mañana y llegamos a Cagayan de Oro a medio día. En esta zona, Mindanao, tienen problemas con un grupo terrorista de la parte suroeste, pero por aquí la cosa está más tranquila. La parte musulmana de Filipinas está más presente, pero cero problemas. Cogimos un autobús y tras un par de horas llegamos al puerto desde donde cogiendo un barco llegamos a Camiguin finalmente. Como veis, a veces es un poco complicado llegar a los sitios y te pasas más tiempo del que te gustaría viajando. De todas formas, también se agradece dejarse llevar durante unas horas sin pensar en nada más. Mirando al infinito con la mente en blanco.

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Llegamos a Camiguin y antes si quiera de abandonar el puerto ya habíamos alquilado un par de motos para los próximos días. Es una isla bastante parecida a Sykijor, y aunque más grande, lo mejor es moverse en moto.

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Nos instalamos en la parte norte de la isla y de camino ya vimos el primer “estadio” para las peleas de gallos. Adentro tenían un jaleo que no veas, pero como íbamos aún con las mochilas, decidimos ir al día siguiente. Lo que no tuvimos presente fue que era domingo y que solamente lo abrían los fines de semana. Una pena por que teníamos bastante curiosidad.

Dejamos todo en el hostel al fin, y no tardamos en darnos cuenta de que no había luz. Resulta que el generador de la isla había dicho basta y estuvo de huelga los próximos tres días. Para nuestra sorpresa, era una de las pocas veces que había pasado. Esto no tuvo mayores consecuencias salvo cuando fuimos a la noche a unas termas y estaban cerradas por no tener luz.

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A la mañana siguiente cogimos las motos, y vueltita a la isla. Fuimos a ver una cascada bastante chula y a hacer snorkel en un antiguo cementerio español, hoy día bajo las aguas del mar tras la erupción de un volcán. La zona no prometía demasiado pero nada más meternos en el agua vimos la riqueza del coral y la bella vida submarina que albergaba. Lo más sorprendente, unas ostras enormes populares en la isla.

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Y no paramos de hacer cosas. Dos días nos llevo todo lo anterior, disfrutar de una buena tarde de playa en una impactante isla de arena blanca en mitad del mar, y avistarla más tarde desde las alturas del volcán Hibok Hibok, el cual subimos con un amable guía llamado Ronald. Pena que la única nube de alrededor se empeñase en abrazar la cima e impedirnos disfrutar de las increíbles vistas de toda la isla que desde allá, según dicen, se pueden disfrutar.

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Lago en el cráter del volcán Hibok Hibok

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Después de la palicilla (no fue para tanto pero en vez de subir 600 metros como pensábamos subimos 1200) tocaba relax, y está vez si pudimos disfrutar de las termas. Así que reconfortados otra vez salimos de la isla para seguir la aventura.

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Gran última cena en Camiguin con pucherico de la abuela

Finalmente decidimos descartar Bohol por la complicada logística para llegar allá y nos decantamos por Siargao, un paraíso surfista en la parte este de Mindanao. Y abandonamos la isla sufriendo otra vez la incertidumbre filipina del viajero. Nada más salir el barco, encalló. Así, tal cual. La marea estaba baja y de repente el barco dejó de moverse, a escasos metros del puerto. Miramos por la borda y el cercano fondo era claramente visible. No problemo. Una hora de espera, otro barco que viene a rescatarnos, unos cuantos golpes que nos mete a lo barcos de choque, soga por aquí, soga por allá, y de vuelta al puerto a cambiar de barco, que este si eso igual se hunde después de la caña que le han dado al pobre.

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Bueno, al fin llegamos al puerto, y otro autobús de seis horas hasta Surigao, donde tendríamos que coger otro barco para llegar a Siargao. Se nos hacía tarde y un pasajero que se percató de nuestros planes se apresuró a decirnos que no tendríamos barco hasta la mañana siguiente. Resultó que el tipo trabajaba para el gobierno y tenía un coche esperándole al llegar a Surigao. Para nuestra sorpresa, muy amablemente se ofreció a llevarnos al puerto primero, para saber que barco coger a la mañana siguiente, y a un hostel barato después. Vaya gente más elegante. Da que pensar.

Así, tras darle mil gracias y tratar de mostrarle toda nuestra gratitud a aquel hombre y a su chófer, pasamos la noche y a la mañana siguiente llegamos al fin a Siargao.

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Aquí pasamos unos días de esos que hacen falta y que el cuerpo te pide. Sin hacer gran cosa, sin moverse mucho, disfrutando del lugar, y ya que estábamos en el paraíso surfista filipino, cogiendo nuestras primeras olas.

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Lo intentamos sin éxito por nosotros mismos al principio, pero cuando ya estábamos abandonando aparecieron los que nos habían alquilado las tablas y acabamos teniendo clases particulares durante dos días. La cosa cambió radicalmente y disfrutamos desde el primer momento. Una gozada. Digamos que lo más duro fue meterse al agua ya que el fondo marino era de coral. Demasiado afilado para nuestros inexpertos pies continentales.

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Además, uno de nuestros monitores nos llevó a ver peleas de gallos a un sitio algo escondido donde fuimos los únicos turistas. Fue muy curioso, sobre todo ver con que afán lo viven y como apuestan entre ellos, pero lo que son las peleas es una salvajada. No ves más que plumas volando y prácticamente ningún gallo se salva en la contienda. Verlo una vez fue suficiente para saciar nuestra curiosidad.

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El sitio en el que nos alojamos también ayudo en nuestra visita a la isla. Una especie de resort en primera línea de playa, con gente muy simpática trabajando y con los que acabamos yendo de karaoke y saliendo a la noche. También conocimos a tres franceses que se alojaban allá y tuvimos muy buen ambiente todos los días.

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A fin de cuentas, Siargao fue un buen lugar para desconectar del viaje y dedicarnos a disfrutar del día a día sin prisas ni grandes planes. Rodeados de gente joven que le da vida a la isla. Todo un acierto pese a tener que renunciar a Bohol.

Siargao, Filipinas

2 comentarios en “Camiguin, Siargao”

  1. Oh my holy mother of Jesus! The pics look awesome! Keep travellung my friend, I’ll go and visit Barcelona soon, not quiet what you’re experiencing but hell, sea,food!
    Cheero

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