NUEVA ZELANDA: Christchurch, Methven

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El viaje a Nueva Zelanda tuvo más de sí que la petición del visado para Australia a última hora. Cogimos el avión rumbo a Sydney la mar de contentos, pensando que todo problema había pasado a mejor vida. A la llegada, primero teníamos que pasar por inmigración, y pese a tener todo en regla no contábamos con la “señora” que allá nos esperaba. Justo delante nuestra pasó una chica china, y casi la deja literalmente llorando a la pobre. Preguntas directas, incluso ofensivas, y todo con un tono de voz y una cara que no dejada dudas sobre su simpatía y lo contenta que estaba en su trabajo. Julen y yo nos miramos incrédulos esperando el chaparrón. Nosotros solo queríamos cambiar de avión, así que tras un par de preguntas fuera de contexto nos dejó pasar tratarnos con el mismo desprecio y arrogancia que a la china. Muy mala primera impresión en Australia.

Teníamos algo de tiempo pero poco después de abrir la facturación de los equipajes para volar a Christchurch (Nueva Zelanda) decidimos acercarnos. Y más vale. Sin billete de vuelta no te montas en el avión. Perfecto. Corriendo a sacar el portátil y tras coger un vuelo precipitadamente pero que podía valernos, otra vez al mostrador. Ya no quedaba nadie por allá. Nos factura todo, y por la radio avisa de que dos gandules llegan tarde. Go straight! Corriendo por el aeropuerto como pedro por su casa, llegamos al control de seguridad. Miro atrás y veo a Julen en otra fila ¿Que haces? Esta majísima mujer me ha elegido para pasar por el escáner. Las barbas no ayudan a pasar desapercibido, está claro. Además, tiene la geta de decirle que lo ha elegido al azar. Si por tus cojones. Paso y espero mientras a Julen le da vueltas el escáner hasta hacer una perfecta radiografía de todo su cuerpo. No había visto un cacharro así en mi vida. Más vale que vamos con tiempo, no se qué. Por fin sale dedicándole una sonrisa a la mujer, y seguimos a la carrera. Por fin llegamos a la puerta de embarque y justo acaban de abrir. Ya estamos dentro y nos reímos mientras comentamos el amable trato recibido en la breve parada en Australia. Debimos de tener muy mala suerte porque la verdad es que los australianos tienen fama de ser muy majetes.

La llegada a nuestro destino, también merece un par de comentarios. El trato aquí fue sorprendentemente amable, pero hay que tener mucho cuidado con lo que llevas en la mochila. Nada de comida, y cuidado incluso con las botas de trekking. Llevarlas bien limpias, sobre todo la suela. No es broma. Si no declaras que las llevas, te las miran y si están con tierra, multa al canto y seguramente te tengas que olvidar de ellas. Tienen mucho cuidado con todo lo que entra en el país, así que mirar la maleta un par de veces antes de coger el avión.

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Nueva Zelanda, al fin. Teníamos reservadas un par de noches en un hostel en Christchuch, donde pensábamos mirar con calma furgonetas, comprarnos una y viajar durante dos meses empezando por la isla Sur. El invierno llegaba y teniendo en cuenta que dormiríamos en la furgoneta, queríamos acabar en el norte para huir del frío en la medida de lo posible. Miramos algún anuncio y finalmente nos acercamos a un garaje donde solían haber furgonetas en venta. La primera que vimos era justo lo que necesitábamos: suficientemente grande, totalmente equipada para acampar, sin demasiados kilómetros, y con buena presencia. La probamos, y tras meditarlo un par de horas y hacerle un par de quiebros a la propietaria, conseguimos un buen precio. Si que íbamos a mirarlas con calma si, madre mía. La chica la verdad es que era muy simpática y creo que hicimos una muy buena compra.

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Así, con furgoneta pero una noche más de hostel por delante, decidimos llenarla de provisiones y dar una vuelta por la ciudad. Christchurch es la ciudad más grande de la isla sur, la cual estuvo en los periódicos de todo el mundo en 2011, cuando murieron 186 personas en un terremoto. La ciudad está llena de edificios en reconstrucción , e incluso grandes edificios de oficinas totalmente abandonados. Hoy en día todavía es palpable el impacto de la tragedia y pasear por sus calles te hace estremecer ante el poder de la naturaleza. No quiero ni pensar en lo que se vivió en Nepal hace apenas unos días …

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Salimos de Christchurch ya con nuestra nueva compañera, la mar de contentos y sintiéndonos los masters del universo. Que ganas tenía de conducir e ir a donde nos diese la gana. Por no hablar de lo que te ahorras de esta manera, que no estamos precisamente en un país barato. Creo que si vas un par de meses al menos, merece la pena comprarla. O también se pueden alquilar a buen precio si tienes menos tiempo. Pero tener tu propio transporte es crucial para aprovechar el tiempo e ir a donde quieras.

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La foto de la portada de la Lonely Planet, con un globo surcando los cielos y con un paisaje de postal, había captado nuestras ansias de hacer cosas nuevas. Tras informarnos un poco de donde era y ver que nos podría pillar de paso en nuestra ruta hacia el sur, decidimos intentarlo. Nos acercamos a la zona de Methven y conseguimos reservar un vuelo para el día siguiente.

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Acampamos, y nos dedicamos a planificar el viaje y ver lo que nos hacía falta comprar, mientras esperábamos poder disfrutar de nuestro primer viaje en globo. No suena mal para empezar ¿No? Pasamos la noche la mar de cómodos en la furgoneta, y a la mañana siguiente, justo antes del amanecer, ya estábamos preparados para la nueva experiencia.

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En total fuimos seis personas mas el piloto, y tuvimos que ayudar a montar y desmontar el globo. Fue una experiencia muy bonita, aunque no esperéis ningún tipo de emoción a bordo. Se mueve menos que nada y va despaaaaaaciooooo … los que llevaban el negocio son una pareja de hombres de unos 60 años, que viven intensamente todo aquello y ayudó a que resultase más entretenido. Nos contaron un montón de anécdotas, nos permitieron colaborar en todo, y nos prepararon un hamarretako cuando llegamos a tierra, con champán y todo.

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Tras saciar la curiosidad del viaje en globo, cogimos otra vez la furgo y seguimos hacia el sur, parando de paso en Peel Forest (el bosque de viejas coníferas más importante del país) para dar un corto paseo de media hora y ver un inmenso árbol al final de este. Fue un paseo muy bonito donde sientes empequeñecer ante la enormidad de algunos de los árboles. Hay rutas más largas pero teníamos ganas de seguir hacia el sur y reanudamos el camino.

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Próxima parada, el lago Tekapo, el lago Pukaki y el majestuoso monte Cook …

 

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