Rotorua, Tongariro N.P., Taupo

Como todas las historias contadas hasta ahora está también comienza viajando en furgoneta, pero nadie se puede imaginar como acabará.

DSC_0275PS

Nos dirigimos a la zona de Rotorua, una de las zonas donde la actividad volcánica es más evidente. Dejamos de lado la zona de los geiser (el principal parece que escupe agua solamente 21 veces al día) y nos vamos a ver la zona de la famosa “Changpane pool”. Hacemos un recorrido de dos horas siguiendo una pasarela y pasando diferentes zonas con nombres más espectaculares que la zona en si: que si la cueva del demonio, que si las puertas del infierno …. cada uno intenta ganar público como puede. Pero hay tres de ellas que si nos impresionan: “la paleta del pintor” (una amplia zona donde los colores varían tal como su nombre hace pensar), la propia “Changpane pool” (pese a tener menos burbujas de lo esperado) y un lago de color verde radiactivo impresionante. La visita a merecido la pena.

Paleta de pintarPS

DSC_0314PS

Lago verdePS

A la salida aprovechamos para pararnos en las pozas de barro donde el aire al salir crea una especie de efectos fecales muy curiosos. No hace falta mucha imaginación, la verdad. Aquí la mente traiciona a cualquiera.

DSC_0385PS

Nos queda toda la tarde por delante y lejos de ver cualquier otra cosa, decidimos disfrutar de verdad y dejar de ser un mero espectador. Y que mejor que ir a una zona de termas donde te puedes bañar. Pagamos los 18 dólares que más a gusto hemos pagado en todo el viaje, y nos dedicamos a no hacer absolutamente nada mientras la piel se va arrugando.

Salimos de allá como nuevos y preparados para otra caminata. Esta vez hemos puesto el dedo en el mapa sobre el Parque Nacional de Tongariro. Para nosotros, como buenos frikis, es una visita obligada donde conocer las tierras de Mordor. Decidimos jugar con nuestra suerte y pasar la noche en el parking de la entrada, jugando con las ganas del guarda de aparecer por la zona. El recorrido será de ida y vuelta, con lo que queremos salir temprano para llegar lo más lejos posible.

DSC_0426PS

Amanecemos temprano y sin ser importunados con la visita del guarda y para entonces ya han llegado varios coches. Parece que por fin hará un buen día y ha corrido la voz. Desayunamos, mochilas a la espalda y adelante. Enseguida empezamos a adelantar a la gente que se lo toma con tranquilidad y a la cual le esperará un autobús al otro lado del trekking. Cada vez hace más viento, se nota más el frío, pero vamos bien. A las dos horas de empezar llegamos a la desviación que marca la subida al Monte del destino, y como buenos hobbits no desaprovechamos la ocasión. El volcán está engullido por las nubes, apenas se ven los palos que indican el camino, pero seguimos adelante. A la media hora la cuesta ya es mucho más pronunciada, la piedra está suelta y subir resulta complicado a tramos. Seguimos adelante y pronto dejamos las nubes a nuestros pies, quedando visible la imponente cumbre del volcán.

DSC_0472PS

DSC_0432PS

DSC_0434PS

Tras hora y media hacemos cumbre y el viento helado que sopla sin complejos nos resulta difícil de soportar. Las piedras tienen una capa de hielo que no deja lugar a las duda sobre el frío que hace, y pensamos en como sería subir aquello en un día malo.

TongariroPS

Bajamos mientras las nubes se van disipando y para cuando llegamos abajo se han largado definitivamente, dejando a la vista todo el recorrido subido anteriormente. Así impresiona más la subida, está claro.

DSC_0523PS

Seguimos el camino principal, cada vez sopla más viento y el frío empieza a hacer mella otra vez. Tanto que cuando llegamos al desvío desde donde subir al volcán Tongariro decidimos no desviarnos, seguir tan solo un poco más adelante, mirar a ver que hay y dar la vuelta. Las nubes tapan casi todo el paisaje pero pronto el impresionante Red Crater queda al descubierto a nuestra derecha. Maravilloso.

Red craterPS

Pasamos un largo rato contemplándolo sin hacer caso del viento helado que nos zarandea. Apenas saco las manos de los bolsillos para sacar unas fotos y seguimos unos pocos metros más adelante hasta llegar al punto más alto de la ruta principal. El cambio de ladera nos regala un viento aún más fuerte y además todo está nublado. Decidimos esperar unos minutos y al final se abre un hueco entre las nubes, dejándonos sorprendidos con los tres preciosos lagos que escondían. Cada uno de un color más vivo que el otro. Sufrir un poco ha merecido la pena y esta vez si decidimos dar la vuelta llenos de satisfacción.

DSC_0559PS

La bajada es sencilla y poco a poco el viento disminuye y volvemos a entrar en calor. El invierno cada vez se hace más duro.

DSC_0421PS

Pocas cosas nos quedan por hacer antes de llegar a Auckland. De hecho, la promesa que habíamos hecho hace semanas y que en la última medición de confianza de Julen se situaba al 65 % tenía que coger forma o morir. Nos dirigimos a Taupo y apuntarnos el día anterior fue más fácil de lo esperado. Pasamos la noche algo nerviosos pero con ganas de vivir esta nueva experiencia.

DSC_0583PS

Nos levantamos sabiendo que ha llegado el momento. Desayunamos algo nerviosetes y nos dirigimos al aeródromo. Hemos decidido hacer el salto más alto, desde unos 4500metros (15000 pies) y ya no hay vuelta atrás. Nos ponen un video sobre seguridad (tan simple como que no tienes nada que hacer), firmamos un papel donde les absolvemos de toda culpa en caso de fallecimiento entre otras cosas, nos vestimos para la ocasión, nos presentan a nuestros monitores y a la avioneta.

DSC_0584PS

Me ha tocado un australiano grandote y muy majetón que se llama Marly y me recuerda a un amigo de la universidad. La avioneta va cogiendo altura poco a poco y la cabeza no para de darle vueltas a lo que está por llegar. A los veinte minutos decelera, abren la compuerta trasera, y comienzan a tirarse las cinco orientales que venían con nosotros, con una cara de acojone que no veas. Cuando se tira la primera y desaparece es cuando empiezo a ser más consciente de la situación. Ellas se tiran de una altura menor (12000 pies) pero en apenas cinco minutos yo estaré ahí, con las piernas fuera de la avioneta, cagadito perdido y esperando a que mi compañero nos tire a ambos dos al vacío.

Y ese momento no tarda en llegar. Primero se tira un francés y luego voy yo, dejando a Julen en último lugar. Para cuando me doy cuenta ya estoy en el borde. Me agarro al chaleco como si mi vida dependiese de él y noto como finalmente Marly empuja con los brazos y nos precipita al vacío. El corazón me pega un vuelco los primeros segundos y la adrenalina invade mi cuerpo. Pasan unos segundos y tras la señal ya puedo abrir los brazos…. y volar. El cuerpo se ha estabilizado y lo único que siento es la emoción de sentirme un pájaro. Grito y agito los brazos de la emoción. Giramos hacia todos los lados y apenas soy capaz de elegir donde mirar. Quiero atrapar cada momento, cada imagen y cada sensación y no soltarlas nunca. Pero todo pasa muy rápido y el minuto de caída es como un abrir y cerrar de ojos. Se abre el paracaídas y me deja pilotarlo un rato sobre el lago hasta poco antes del aterrizaje. Llego a tierra firme y Julen ya está esperándome con una cara de emoción difícil de controlar. Lo sé porque yo siento lo mismo. Una experiencia que no olvidaremos.

DSC_0593PS

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s