Kyoto

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Llegué a Kyoto un día antes que Julen, así que tras dejar la mochila en el hostel me fui a dar una vuelta. La antigua capital del imperio japonés tiene mucho que ofrecer, pero yo tenía un objetivo claro: ver una Geisha. Muchos son los que visitan esta ciudad sin tener suerte en este aspecto y yo no quería ser uno más.

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Siguiendo mi objetivo fui prácticamente directo al distrito de Gion, la zona principal donde suelen vivir y trabajar. Era un día lluvioso y a parte de preciosas casas tradicionales, poco más vi tras pasear durante un par de horas. Decidí apartarme un poco, abandonar la turística zona cercana al puente principal, y caminar sin rumbo por los alrededores. Y así di con una calle que tenía algo especial: casitas tradicionales con carteles en japonés que no dejaban adivinar la actividad que se llevaba a cabo adentro, lámparas en el suelo dándole cierto aire misterioso, y un par de japoneses parados en un porche con unas cámaras como para ir de safari. Ahí se cocía algo y olía a Geisha. Crucé toda la calle, di la vuelta por la paralela y volví a pasar. Así hasta que la tercera vez me crucé con un pequeño grupo de turistas cuando el guía les explicaba que allá trabajaban y vivían las Geishas, y que sobre las 17:45 empezarían a aparecer pues suelen empezar a trabajar a las 18:00. No dudé en buscar un tejadillo y ser uno más esperando cámara en mano. Todo eran nervios hasta que una puerta se abrió, dejando entrever un paraguas poco convencional. Bingo! Poco a poco varias Geishas fueron apareciendo dejándome perplejo.

Geisha 1

Geisha 3

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Emanaban una mezcla de finura, glamour, tradicionalismo, perfección y misterio que jamás había sentido antes. Tenía claro que volvería a aquel lugar durante los próximos días para disfrutar de la experiencia.

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Estando allá, comencé a hablar en inglés con un japonés llamado Kato. Vivía cerca de Tokyo y estaba de vacaciones. Me invitó a apuntarme a cenar al día siguiente en un sitio donde tendría lugar un espectáculo de Maikos (aprendices de Geisha) y nos fuimos a dar una vuelta.

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Vimos la zona este donde se concentran la mayoría de los templos más cercanos, y pude acercarme mucho más a la cultura japonesa con sus historias. Pocas personas más amables y atentas que él me habré encontrado en mi vida. Un gran hombre.

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Incluso fuimos a cenar a uno de los restaurantes tradicionales que hay pegados al río y pudimos ver desde la terraza como tras la ventana del piso de arriba disfrutaban en privado con la compañía de un par de Geishas. También para Kato fue la primera vez en ver algo así. Además la cena fue exquisita, y al más puro estilo tradicional japonés, comiendo por último plato un delicioso cuenco de arroz con anguila.  Toda una experiencia que estando solo jamás me hubiese animado a experimentar.

Pasé cinco noches en Kyoto en las que me instalé en cuatro hosteles diferentes al no haber sitio y haber reservado sin antelación, pero mereció la pena. A partir del segundo día me junté otra vez con Julen y fuimos visitando los lugares de interés de la zona. El monte repleto de Toriis (puertas) rojas, el bosque de bambú, el templo dorado …

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Lo peor fue que la cantidad de turistas locales era excesiva, y conviene ir realmente pronto para poder disfrutar de los sitios sin tener la sensación de seguir a un rebaño de fotógrafos.

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Para guinda del pastel, durante nuestra estancia en la ciudad tuvo lugar su mayor festival. Las calles estaban repletas, muchos japoneses vistiendo sus coloridos quimonos de verano, y todos bajo la lluvia esperando a ver pasar las carrozas que representaban a las distintas zonas de la ciudad. Todo un espectáculo con el que la multitud disfrutamos casi tanto como los mismos protagonistas que a la noche veríamos saciados de sake. Una procesión que no deja indiferente al que lo ve por primera vez.

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Argi dut Kyoto turista guztien ibilaldiaren barnean egon beharko lukeela, gainontzeko japoniarrentzat izan ere honela izaten baita. Bigarren Mundu Gudan estatu batuak bonbardatu ez zuen hira handi bakarra da, eta bere ondasun artistiko eta kulturalak ez du parekorik herrialde honetan. Tradizioak modernitea gainditzen duen hiri bakarra dela esango nuke, eta ez da hau esperimentatzeko aukera galdu behar.

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