Hiroshima, Nayashima, Nara

Tras visitar Kyoto volvemos a coger el tren bala y nos plantamos en Hiroshima en algo más de tres horas. Nada más llegar al hostel nos juntamos con un viajero de Bilbo y enseguida empezamos a hablar. Un tipo majete que nos acompaña durante los próximos días.

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El principal motivo de esta parada es visitar la zona donde explotó la bomba atómica, ya que la mayoría de los sitios de interés están alrededor. Lo primero que vemos al acercarnos es uno de los pocos edificios que mal que bien aguantaron de pie. Todo un icono para la ciudad.

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Seguimos adelante y nos encontramos con una estatua que rinde homenaje a la niña Sadako Sasaki. Tras la bomba contrajo cáncer y comenzó a hacer mil origamis de papel esperando poder pedir el deseo de curarse, tal como cuenta una leyenda japonesa. La chica falleció antes de poder hacer todos y hoy en día origamis de papel hechos en todas las partes del planeta llegan a las urnas que rodean el monumento.

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Hay más sitios de interés en la zona pero lo más visitado es el museo de la bomba atómica. Allá se narran los acontecimientos de aquel 6 de agosto de 1945 con todo detalle. Es un sitio estremecedor aunque no comparto el punto de vista sensacionalista que muchas veces se le da a este tipo de sitios. La historia en si ya es demasiado impactante como para tener que ver uñas, piel … de la gente que lo sufrió entre otras cosas. Aún así, no deja de ser una visita obligada.

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Poco más vemos en Hiroshima, y decidimos hacer una visita a la cercana isla de Nayashima. Lo más fotografiado aquí es el famoso torii que surge del agua, pero la isla en sí tiene mucho más que ofrecer.

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Los turistas nos sorprendemos con los ciervos salvajes que enseguida se acercan en busca de comida, pero no tardamos mucho en levantar la cabeza y empezar a disfrutar de los templos y santuarios que aquí se esconden. Pasamos todo un día visitándolos y se convierte en uno de mis sitios preferidos en Japón. Es un día lluvioso así que no hay tanta gente y merodeamos tranquilamente pasando de templo en templo, de santuario en santuario. Algunos reconstruidos como la mayoría en Japón, pero también algunos pocos que se han librado de las llamas principalmente. La verdad es que los sitios viejos tienen mucho más que contar y lo notas al visitarlos.

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Volvemos otra vez a Hiroshima y antes de volver a partir nos sorprende una carrera de lanchas cerca del puerto en la que la gente apuesta sin parar. No desperdiciamos la oportunidad y vemos un par de carreras.

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Siguiendo el consejo de nuestro nuevo amigo bilbotarra nos ponemos otra vez rumbo a Nara. Ya hemos estado aquí pero se nos ha pasado algo por alto: un parque de atracciones abandonado. La idea nos ha convencido de inmediato y no queremos perdérnoslo.

Nos instalamos y vamos directos al parque. Saltamos una pequeña valla y ya estamos dentro. Es como estar en una película de zombis. Todas las atracciones están engullidas por la maleza, hay ventanas rotas en todas partes, grafitis en el castillo de la cenicienta, un Cadillac y un camión de bomberos abandonado, … no he visto algo parecido en mi vida.

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Recorremos todo el parque y tan solo nos juntamos con una pareja de chinos, igual de curiosos que nosotros. Ha merecido la pena volver a Nara.

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