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Banaue, Batad, Sagada

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Tras deshacer todo el trayecto hasta Cagayan de Oro y pasar una noche allá, a la mañana siguiente cogimos otro avión de vuelta a Manila. Esta vez el plan era ir hacia el norte, a la zona más montañosa del país. Para entonces ya habíamos contactado con Ed (el padre de Kara) y nos había organizado amablemente los próximos días. Él estaría por la zona y nos juntaríamos al llegar a Sagada.

Tras hacer tiempo en un centro comercial de Manila cogimos un autobús nocturno y esta vez, ya antes de entrar, el chófer nos avisó que nos abrigásemos. El colega llevaba bufanda y todo. Sigo sin entenderlo… dormimos como pudimos y de par de mañana llegamos a Banaue.

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Lo más conocido aquí son las terrazas de arroz, y nada más llegar ya teníamos un guía esperándonos para la visita. Nos llevó a desayunar y tras dejar las mochilas decidimos ir por nuestra cuenta ya que el camino era muy sencillo. El guía era muy amable pero teníamos ganas de explorar la zona solos. Así, llegamos al mirador más alto de todos y contemplamos la belleza del paisaje. No era la mejor época para visitarlo ya que acababan de empezar a plantar el arroz y predominaba el color marrón, pero el valle con las terrazas a ambos lados nos resultó muy bonito.

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Nos comentaron estando allá que había otro camino de vuelta recorriendo las terrazas, pero que era mejor ir con guía. Lo pensamos un poco y otra vez decidimos intentarlo por nuestra cuenta. Todos nos camino llegan a Roma ¿no? Resultó un trayecto muy bonito y aunque nos perdimos alguna vez, preguntando a la gente que vivía allá encontramos el camino sin demasiados problemas. Al ir solos fuimos más tranquilos, con los ojos más abiertos, nos relacionamos más con la gente y tubo su parte de aventurilla. Al fin y al cabo, lo peor que nos podía pasar era tener que dar media vuelta.

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Cogimos otra vez las mochilas, y con en triciclo nos fuimos a Batad. O mejor dicho, hasta un punto donde aún teníamos una hora andando, ya que no hay carretera hasta el pueblo. Allá pasaríamos la noche tras este largo día, pero nada más llegar no pudimos resistirnos a ir hasta el mirador del otro lado de la ladera.

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Las terrazas de arroz aquí eran realmente bonitas, mucho más espectaculares que las anteriores, y además el arroz estaba plantado haciendo rebosar las terrazas de un color verde intenso. Una estampa de postal.

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Volvimos ya muy cansados y con ganas de descansar, pero por el camino nos juntamos con una madrileña que lleva viajando nada más y nada menos que unos ocho años. Según nos contó todo empezó con un viaje de un año que había hecho… ahí queda eso, jajaja! Aunque apenas tuvimos tiempo para charlar era una chica muy interesante y además nos dio unos cuantos consejos para la visita a Nueva Zelanda. Grandes personas que te juntas viajando.

Nos regalamos un masaje de una hora antes de ir a dormir y el día siguiente, otra vez sin perder el tiempo, salimos de regreso antes del amanecer. Nada más salir del pueblo un par de perros nos empezaron a seguir y fueron nuestros fieles compañeros hasta coger el triciclo que nos esperaba.

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Otra vez de vuelta en Banaue, cogimos una furgoneta y tras unas tres horas llegamos a Sagada, donde nos encontraríamos con Ed. Habíamos seguido todo el plan que nos había preparado y ya era hora de estar un rato juntos y agradecerle tanto trabajo.

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Ed

Sagada es un pueblecito muy acogedor pero que se encuentra en una fase de crecimiento al parecer difícil de frenar. Pasamos aquí dos noches, y de nuevo volvimos a aprovechar el tiempo al máximo. Ed nos presentó a Sotero, el que sería nuestro guía durante los próximos dos días, y resultó ser un tipo muy majete con el que disfrutamos mucho.

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El primer día nos llevó al Underground river, un rió que pasa por una cueva de lado a lado, y fue una bonita introducción a la zona. En el camino de vuelta además nos enseñó donde parte de la gente local ponían hasta hace pocos años los ataúdes de los fallecidos (los que aún conservaban las tradiciones de las tribus originarias de la zona): en paredes, cuevas, pequeños agujeros… y muchos de ellos ataúdes pequeños que albergaban el cadáver en posición fetal. Muy curioso.

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Fue un gran primer día y para finalizar de igual manera disfrutamos de una exquisita cena en compañía de Ed. La comida en Filipinas no me resultó especialmente buena, pero en la zona norte se come muy bien.

El segundo día, fue todavía mejor. Nos levantamos algo más tarde y fuimos a hacer la denominada Cave Connection en compañía de Sotero. Se trata de una larga cueva que puedes atravesar de lado a lado, pero que la mayoría de la gente tan solo explora desde uno de los lados. La visita superó con creces cualquier expectativa. Lejos de ser una cueva preparada acabamos arrastrándonos, manchándonos e incluso cubiertos de agua hasta la cintura.

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Por el camino vimos un montón de formaciones a las que Sotero siempre sacaba similitudes tras preguntarnos a que se parecían, y fue una de las cuevas donde más he disfrutado nunca.

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Anciano sin dientes

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Tras dos horas de exploración apenas nos juntamos con cuatro personas, y todos los turistas se centraron en la zona final. Una gozada.

Para recuperar fuerzas fuimos a comer y echar una pequeña sienta donde nos alojábamos, ya que a la tarde nos esperaba otra salida. Esta vez, también en compañía de Ed. Fuimos a dar una vuelta por el monte y visitamos un pequeño lago tras ver atardecer desde las alturas.

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Con Ed y Sotero
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No me enfades que te meto

Se hacía de noche pero lejos de ser un inconveniente la oscuridad nos regaló un montón de luciérnagas que iluminaron los bordes del camino de vuelta. Una preciosa sorpresa inesperada.

Aquella fue la última noche, y tras despedirnos del gran Sotero fuimos a cenar con Ed, estupendamente otra vez.

Sin embargo, la última sorpresa del día vino al volver al hostel. Ya habíamos visto incendios por la zona desde la llegada, pero esta vez uno de ellos parecía más cercano. Tanto de hecho, que el fuego llegó a escasos metros del hostel.

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Preciosas vistas desde la habitación

La gente, sin embargo, parecía no preocuparse mucho y la mayoría de ellos estaban viendo la tele en casa. Dimos una vuelta por las inmediaciones antes de dormir, y como comprobamos a la mañana siguiente el fuego no paso de la carretera que dividía el bosque de la mayoría de las casas. Los árboles apenas prendieron y fue la hojarasca la que se calcinó. Más vale que no hacía apenas viento. De todas formas, la tranquilidad de la gente local nos dejo ojopláticos.

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Esos días por el norte fueron magníficos y en gran parte se lo debemos a Ed y su amable compañía. Fue un auténtico placer compartir tantos momentos y además pudimos entender mucho más sobre la zona y su gente ¡Mil gracias!

Tocaba moverse otra vez. Cogimos un autobús al día siguiente, y tras cambiar a otro en Baguio, llegamos a Manila de madrugada instalándonos otra vez en casa de Annibon. Pasamos un par de días tranquilamente, conectados al Wifi y preparándonos para salir a Singapur. Tenemos mucho que agradecerle a ella también por lo mucho que nos facilitó la estancia en Filipinas. Siempre dispuesta a acogernos y proporcionándonos un campo base idóneo durante los casi dos meses que estuvimos por el país.

Beraz badakizue. Jende jatorra eta zuen ametsetako lekuaren bila bazabiltzate, zoazte Filipinetara. Ongi etorriak izango zarete eta nahi adina esperientzia bizitzeko aukera izango duzue. Lurralde maitagarria zentzu guztietan. Gainera, bertakoek ingelera txukunean hitz egiten dute eta honek asko errazten du beraiekin harremantzeak eta lurraldea gertuagotik ezagutu ahal izatea. Animatu zaitezte! Gora Filipinak!

Camiguin, Siargao

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Llegó el momento de viajar con Julen. Después de haberle dado la chapa durante mucho tiempo, allá estaba dispuesto a aguantarme durante los próximos seis meses, si todo va bien. Teníamos pensado ir a la isla de Camiguin, recomendado por Mikel, y movernos desde allá a Bohol (donde están las famosas Chocolate Mountains) si era posible.

Cogimos otro avión de par de mañana y llegamos a Cagayan de Oro a medio día. En esta zona, Mindanao, tienen problemas con un grupo terrorista de la parte suroeste, pero por aquí la cosa está más tranquila. La parte musulmana de Filipinas está más presente, pero cero problemas. Cogimos un autobús y tras un par de horas llegamos al puerto desde donde cogiendo un barco llegamos a Camiguin finalmente. Como veis, a veces es un poco complicado llegar a los sitios y te pasas más tiempo del que te gustaría viajando. De todas formas, también se agradece dejarse llevar durante unas horas sin pensar en nada más. Mirando al infinito con la mente en blanco.

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Llegamos a Camiguin y antes si quiera de abandonar el puerto ya habíamos alquilado un par de motos para los próximos días. Es una isla bastante parecida a Sykijor, y aunque más grande, lo mejor es moverse en moto.

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Nos instalamos en la parte norte de la isla y de camino ya vimos el primer “estadio” para las peleas de gallos. Adentro tenían un jaleo que no veas, pero como íbamos aún con las mochilas, decidimos ir al día siguiente. Lo que no tuvimos presente fue que era domingo y que solamente lo abrían los fines de semana. Una pena por que teníamos bastante curiosidad.

Dejamos todo en el hostel al fin, y no tardamos en darnos cuenta de que no había luz. Resulta que el generador de la isla había dicho basta y estuvo de huelga los próximos tres días. Para nuestra sorpresa, era una de las pocas veces que había pasado. Esto no tuvo mayores consecuencias salvo cuando fuimos a la noche a unas termas y estaban cerradas por no tener luz.

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A la mañana siguiente cogimos las motos, y vueltita a la isla. Fuimos a ver una cascada bastante chula y a hacer snorkel en un antiguo cementerio español, hoy día bajo las aguas del mar tras la erupción de un volcán. La zona no prometía demasiado pero nada más meternos en el agua vimos la riqueza del coral y la bella vida submarina que albergaba. Lo más sorprendente, unas ostras enormes populares en la isla.

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Y no paramos de hacer cosas. Dos días nos llevo todo lo anterior, disfrutar de una buena tarde de playa en una impactante isla de arena blanca en mitad del mar, y avistarla más tarde desde las alturas del volcán Hibok Hibok, el cual subimos con un amable guía llamado Ronald. Pena que la única nube de alrededor se empeñase en abrazar la cima e impedirnos disfrutar de las increíbles vistas de toda la isla que desde allá, según dicen, se pueden disfrutar.

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Lago en el cráter del volcán Hibok Hibok

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Después de la palicilla (no fue para tanto pero en vez de subir 600 metros como pensábamos subimos 1200) tocaba relax, y está vez si pudimos disfrutar de las termas. Así que reconfortados otra vez salimos de la isla para seguir la aventura.

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Gran última cena en Camiguin con pucherico de la abuela

Finalmente decidimos descartar Bohol por la complicada logística para llegar allá y nos decantamos por Siargao, un paraíso surfista en la parte este de Mindanao. Y abandonamos la isla sufriendo otra vez la incertidumbre filipina del viajero. Nada más salir el barco, encalló. Así, tal cual. La marea estaba baja y de repente el barco dejó de moverse, a escasos metros del puerto. Miramos por la borda y el cercano fondo era claramente visible. No problemo. Una hora de espera, otro barco que viene a rescatarnos, unos cuantos golpes que nos mete a lo barcos de choque, soga por aquí, soga por allá, y de vuelta al puerto a cambiar de barco, que este si eso igual se hunde después de la caña que le han dado al pobre.

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Bueno, al fin llegamos al puerto, y otro autobús de seis horas hasta Surigao, donde tendríamos que coger otro barco para llegar a Siargao. Se nos hacía tarde y un pasajero que se percató de nuestros planes se apresuró a decirnos que no tendríamos barco hasta la mañana siguiente. Resultó que el tipo trabajaba para el gobierno y tenía un coche esperándole al llegar a Surigao. Para nuestra sorpresa, muy amablemente se ofreció a llevarnos al puerto primero, para saber que barco coger a la mañana siguiente, y a un hostel barato después. Vaya gente más elegante. Da que pensar.

Así, tras darle mil gracias y tratar de mostrarle toda nuestra gratitud a aquel hombre y a su chófer, pasamos la noche y a la mañana siguiente llegamos al fin a Siargao.

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Aquí pasamos unos días de esos que hacen falta y que el cuerpo te pide. Sin hacer gran cosa, sin moverse mucho, disfrutando del lugar, y ya que estábamos en el paraíso surfista filipino, cogiendo nuestras primeras olas.

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Lo intentamos sin éxito por nosotros mismos al principio, pero cuando ya estábamos abandonando aparecieron los que nos habían alquilado las tablas y acabamos teniendo clases particulares durante dos días. La cosa cambió radicalmente y disfrutamos desde el primer momento. Una gozada. Digamos que lo más duro fue meterse al agua ya que el fondo marino era de coral. Demasiado afilado para nuestros inexpertos pies continentales.

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Además, uno de nuestros monitores nos llevó a ver peleas de gallos a un sitio algo escondido donde fuimos los únicos turistas. Fue muy curioso, sobre todo ver con que afán lo viven y como apuestan entre ellos, pero lo que son las peleas es una salvajada. No ves más que plumas volando y prácticamente ningún gallo se salva en la contienda. Verlo una vez fue suficiente para saciar nuestra curiosidad.

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El sitio en el que nos alojamos también ayudo en nuestra visita a la isla. Una especie de resort en primera línea de playa, con gente muy simpática trabajando y con los que acabamos yendo de karaoke y saliendo a la noche. También conocimos a tres franceses que se alojaban allá y tuvimos muy buen ambiente todos los días.

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A fin de cuentas, Siargao fue un buen lugar para desconectar del viaje y dedicarnos a disfrutar del día a día sin prisas ni grandes planes. Rodeados de gente joven que le da vida a la isla. Todo un acierto pese a tener que renunciar a Bohol.

Siargao, Filipinas

Coron, Manila

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Con el viaje a Coron comenzó la segunda parte del viaje en Filipinas. Tan solo quedábamos Roberto, Julen y yo, y el plan era totalmente distinto. Todo por planear y con ganas de gastar menos, mezclarnos más con la gente local e ir a nuestro aire.

Llegamos a Coron tras seis horas de viaje en un barco atronador en el que no había manera de ponerse cómodo. Con el cuerpo algo magullado pisamos tierra firme y por no coger un triciclo decidimos ir caminando en busca de un hostel que habíamos mirado y parecía estar cerca. Mala manera de empezar a ahorrar. Acabamos caminando unos 20 minutos bajo un sol de justicia, bien cargatidos, y para colmo al llegar el hostel estaba lleno. Más vale que no tardamos mucho en encontrar otro y poder descansar.

Uno de los principales motivos por los que habíamos elegido ir a Coron era por bucear entre barcos hundidos en la Segunda Guerra Mundial. Julen era el único de los tres que no tenía el PADI para poder hacerlo así que se animó a hacer el curso de tres días para futuras ocasiones. Mientras tanto, Roberto y yo decidimos hacer tres inmersiones el mismo día, buceando primero en un lago bastante curioso (Barracuda Lake) donde se juntan el agua dulce y la salada con temperaturas rondando los 37 grados, y visitando después dos de los barcos. Fuimos con muchísimas ganas, pero resultó que la visita a los barcos dejó bastante que desear. Ambos dos estaban abarrotados de submarinistas, y con tanto movimiento la visibilidad era bastante pobre.

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Tuvimos algún rato bastante emocionante inspeccionando los barcos por el interior linterna en mano, pero como digo esperábamos más. Estuvimos dudando al principio en sacarnos el curso Advance de buceo para poder bajar a mayor profundidad y ver otros barcos, pero al final optamos por esta opción. Obviamente, la más accesible y concurrida.

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Teníamos otro par de días mientras Julen acababa el curso, así que en uno de ellos alquilamos un par de motos, recorrimos parte de la isla y acabamos yendo a unas termas cercanas al puerto. Estuvieron realmente bien, y aunque había bastante gente podías salirte a una zona apartada donde el agua se juntaba con el mar. Entre el calor del agua, el silencio y la luna llena que nos brindo la noche, hicieron de aquello un sitio mágico.

El tercer día lo usamos para estar tirados, y como para la tarde Julen ya había terminada el curso fuimos a cenar para celebrarlo, aunque el pobre estaba reventado de tanto nadar.  Casi se me ahoga el chiquillo.

Ya tocaba hacer alguna excursión así que hicimos una de todo el día recomendada por tres españoles que nos habíamos juntado por allá. Visitamos seis sitios diferentes y fue muy entretenido. Un lago de agua dulce, una pequeña isla paradisiaca, bonitos arrecifes donde hacer snorkel… un gran día donde disfrutamos de lo lindo. Aún así, de lo más curioso fue ver a los chinos que nos acompañaban ataviados con sus chalecos salvavidas (uno incluso llevaba dos), chapoteando en el agua como malamente podían y teniendo que arrastrarles el guía uno a uno de vuelta a la barca. Vaya panorama.

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Cuando alquilamos las motos el dueño nos había ofrecido ir a la casa de su cuñado, donde solo tendríamos que pagar las excursiones que hiciésemos y la comida. Parecía algo bonito, apartado de lo más visitado, y nos animamos.

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El sitio era de lo más local, aunque básico no estaba mal, y esa misma noche nos llevaron en una barquita a ver luciérnagas, cosa que fue todo un espectáculo. Estaban en unos árboles al lado del agua y parecían adornados para la navidad. Precioso. Al día siguiente también nos llevaron a pescar, y tras coger unos cuantos peces y varios corales, volvimos para comernos las capturas.

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Fueron dos días bonitos, tranquilos, y donde nos olvidamos de pensar o planificar cualquier cosa. Just relax.

A Roberto le llegó la hora de volar a Manila, y aunque nos encontraríamos con el otra vez en un par de días, Julen y yo seguimos en Coron tranquilamente. Subimos por fin a la montañita que llevaba mirándonos con recelo desde nuestra llegada siguiendo un corto camino, y las vistas desde allá hablan por si solas.

Coron PS

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Por lo demás, no hicimos gran cosa salvo volver a las termas, lo cual fue perfecto 🙂

Abandonamos Coron con ganas de más y volamos a Manila. A la llegada fuimos directos a casa de Annibon para coger las mochilas que habíamos dejado, y de paso nos comimos el queso y el jamón que Julen había traído por encargo de un antojado servidor ¡Dios que bueno estaba todo! Milesker mutil! Dios te lo pague. Después nos volvimos a juntar con Roberto, fuimos de compras, paseamos y acabamos despidiéndonos como dios manda: saliendo de fiesta, como no, jeje! Fuimos a una discoteca llena de gente local bastante pija, y digamos que las mayores risas nos las echamos con el segurata que era para partirse. Fue una gran despedida, y al día siguiente ya tocó decir adiós y seguir cada uno por su cuenta. El viaje con Julen comenzaba …

Gran boda filipina, El Nido

El gran día por el cual todos nos habíamos juntado en Filipinas se acercaba y tocaba partir otra vez. Teníamos que volar primero a Manila y coger un autobús después para poder llegar a donde nos instalaríamos durante dos noches.

Ya éramos un gran grupo así que había que movilizarse con tiempo para tener margen ante los posibles imprevistos. Pero resultó que el único imprevisto lo sufrió Air Asia y tuvimos que estar esperando en total cerca de ocho horas en el aeropuerto para poder coger un vuelo que duró menos de una hora. Nos lo tomamos con filosofía, que remedio, y matamos el tiempo entre juegos de cartas, lectura y demás. Entre los más jóvenes sobre todo habíamos hecho un bonito grupo así que el tiempo pasó más rápido.

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Al llegar finalmente a Manila el autobús nos estaba esperando, al igual que el denso tráfico que sufre la capital filipina. Lo de esta ciudad es inhumano en cuanto a atascos. No he visto algo así en mi vida. Tardamos aquí también algo más de lo previsto pero al menos tuvimos animación gracias al karaoke del autobús y la voz privilegiada de Julen (zzzzuuuu!).

Por fin llegamos y estábamos tan cansados que apenas pudimos apreciar donde nos estábamos alojando, cosa que nos sorprendería muy gratamente el día siguiente.

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18 de febrero. Por fin llegó el gran día. Tocaba levantarse pronto, ponerse guapo o hacer lo que se podía, fotos varias, y todos monísimos al autobús otra vez.

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La boda tubo lugar en una pequeña, acogedora y bonita iglesia, con un cura realmente gracioso y con toques muy personales que la hicieron única y preciosa. Desde la canción de “Starwars” a la entrada de Mikel al Aurresku que les brindó Julen, por no mencionar el discurso del cura.

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Una vez acabada la ceremonia marchamos todos a donde se realizaría el banquete y la fiesta posterior, y el lugar tampoco dejó indiferente a nadie. Una auténtica pasada, con piscinas y demás ¡Buen gusto pareja! Y ahí estábamos todos esperando a la gran pareja cuando aparecieron vestidos de cheerleader y nos brindaron un baile que no dejó culos en las sillas. Un puntazo que sorprendió y nos descojonó a partes iguales. Muy grandes.

Resumiendo, todo fue genial y ni siquiera faltó el jamón ni el patxaran. Los únicos que consiguieron ver los pequeños fallos que ocurrieron durante el día fueron los dos que tanto tiempo habían pasado organizando todo. Disfrutamos muchísimo y fue un día feliz de los que no se olvidan. Gracias por la invitación pareja. Ha sido un auténtico placer poder compartir esto con vosotros. Milesker bihotzez.

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Al día siguiente ya nos levantamos más tarde y estuvimos a la mañana tranquilamente en donde nos alojábamos. Un buen sitio para estar tranquilo, con jardín, piscina y demás. Una gozada otra vez.

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Ya a medio día cogimos otra vez el autobús, y partimos rumbo a Manila. Por el camino paramos a comer y pudimos ver por fin la isla dentro del lago dentro del volcán dentro del lago dentro del volcán (no es que me repita, jajaja). Muy curioso.

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Nos alojamos en un hostel al llegar a la capital y tocó otra vez madrugar para coger otro avión al día siguiente. He cogido más aviones en Filipinas que en todo lo que llevo de viaje. Esta vez fuimos a Puerto Princesa con la intención de ver el Underground River y marchar seguidamente hasta El Nido, donde pasaríamos cuatro noches de relax, fiesta y excursiones.

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El Underground River es una cueva en la que entras con un barquito, y a priori una de las atracciones turísticas más grandes de Filipinas. La verdad es que llegamos con bastantes expectativas y quizá por eso nos defraudó. La cueva es curiosa, pero la cantidad de turistas y la sensación de ir en un trenecito siguiendo el mismo recorrido que hacen las barcas que tienes delante y todas las demás que van detrás, hacen que pierdas el interés. A mí lo más curioso me parecieron los monos que había cerca de la entrada, jeje!

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Tardamos otras seis horas en llegar a El Nido en furgoneta pero al menos hicimos alguna parada en zonas muy bonitas. La cosa ya tenía buena pinta.

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Durante los cinco días que estuvimos en El Nido nos lo pasamos en grande. Hicimos una excursión visitando lagos ocultos, playas preciosas y haciendo snorkel, salimos de fiesta y nos lo pasamos en grande, visitamos la preciosa playa de Nacpan (mi preferida en Filipinas), buceamos (aunque había un montón de medusas pequeñas y me acabaron dando un par de besitos) y también descansamos. Digamos que la gente liberó todo el estrés post boda y fueron unos buenos días.

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Nacpan Bech

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Lo peor fue que varios cayeron enfermos y estuvieron unos días con fiebre y tal. Cosas que pasan cuando viajas fuera. Que se le va a hacer.

Y aquí fue cuando tocó despedirse de la gente y seguir el viaje con Julen. Roberto nos acompañaría durante unos días más pero el resto volvía a casa, odiándonos un poco pero llevándose parte de nosotros en el camino. Personalmente todo el mes que pasé en Filipinas hasta este momento fue especial. Me lo pasé en grande y me llevé un montón de gente, mucha de mi tierra o cerquita al fin y al cavo, a la que seguro veré otra vez. Me quedo con todos y cada uno de vosotros. Un fuerte abrazo y nos vemos a la vuelta!

Oslob, Cebu, Boracay

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A la mañana siguiente, algo más descansados que el día anterior, salimos en autobús camino a Cebu. Haríamos una parada en Oslob y pasaríamos una noche en Cebu. Todo para al día siguiente coger un avión y así llegar a Boracay, última parada antes de la boda.

Nos montamos de par de mañana en un autobús, y comprobamos la afición local por el aire acondicionado. Se ve que pasan tanto calor que cuando viajan les gusta tener que abrigarse. Muchos subimos desprevenidos y no quedó más remedio que aguantar. Tenerlo presente si viajais por aquí, por que alguno incluso acabó con algo de fiebre.

La parada en Oslob era para poder nadar con tiburones ballena, nada más y nada menos. Según Julen pueden llegar a medir 32 metros, pero bueno. Resulta que se come una y cuenta veinte. En realidad pueden alcanzar los 16 metros, y sea como sea, impresionan un montón.

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La zona en si es muy turística y tiene cierto aire a aquarium. Los bichos están dentro de una zona que aunque no es pequeña está delimitada por la costa y unas redes en el mar, y pese a ir biólogos de todo el mundo con la intención de realizar diferentes estudios, la zona está llena de barquitas con turistas ataviados con nuestros equipos de snorquel.

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Los tiburones ballena van siguiendo otros barquitos desde donde les echan comida y tu mientras tanto puedes bucear intentando mantener una distancia de seguridad de unos cinco metros. Aún así, son tan grandes y hay tanta gente que no siempre es posible y hubo quien le dio alguna que otra caricia a los pececillos. Más vale que no sienten ninguna atracción por nuestros huesos.

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1 - Fiera y pecesPS

Personalmente me pareció una experiencia muy emocionante, pero no me gustó en absoluto la falta de libertad de los bichos y el aire de turisteo que desprende la zona. Ponerlo en una balanza y decidir por vosotros mismos. Quizá me faltó observar más de cerca el ámbito científico, ya que los turistas solo podemos ir a la mañana.

Tras la visita, otra vez a la nevera y hasta Cebu. Aquí tan solo pasamos una noche y por suerte para mí justo coincidió con el vuelo de una chica de Barcelona con la que había coincidido brevemente en Nepal. Quedamos para tomar algo, nos contamos un montón de experiencias, intercambiamos futuros planes, y aunque todo se limitó a unas dos o tres hora, me hizo ilusión volver a encontrarnos.

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A la mañana siguiente tocaba madrugar otra vez. Sin mayores problemas llegamos a Boracay, y pasaríamos aquí las próximas tres noches. Lo más curioso del viaje fue que tan solo podíamos facturar 10kg cada uno, y que nos pesaron (a cada pasajero) con el equipaje de mano encima. Digamos que cuando vimos el tamaño del avión todo cobró más sentido.

Boracay hoy en día es uno de los sitios más turístico de Filipinas, si no el que más. Al parecer a sufrido un cambio drástico en los últimos diez años, con el que han orientando la isla al turismo casi en su totalidad. Así las cosas, la única intención que teníamos era descansar, ir a la playa, salir de fiesta, y realizar la despedida de los prometidos junto a sus familias.

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Fueron unos días que terminaron cumpliendo sus expectativas. Salimos un par de días de fiesta (si, en Filipinas salí más de fiesta que en los siete meses anteriores), hicimos la despedida en un sitio increíble donde había un buen bufet, una piscina e incluso un cantautor animando el ambiente, compramos un balón y me quité un poco el mono jugando en la playa, nos dieron un buen masaje (esta vez no me quedé mirando), tuvimos tiempo para que cada uno lo dedicase a sus cosillas, y recomendado por Mikel, hasta probamos el llamado Flying Fish.

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Manosdemantequilla Osinaga

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Esto último se trata de una especie de hinchable donde puedes sujetarte únicamente con las manos y que está amarrado a una lancha de estas que cortan el agua. La lancha va tirando mientras el hinchable va dando botes por la velocidad y el viento, y tienes que agarrarte como si tu vida dependiese de ello. Yo fui con Julen y Hector, y este último fue el primero en probar el agua, que no el último. La leche fue mala y se hizo daño en el costado. Por si acaso acabó subiéndose en la lancha y quedamos a bordo tan solo Julen y yo. La consecuencia fue que con menos peso volamos literalmente.

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2 - ArrepentimientoPS

Costó pero nos mantuvimos agarrados al hinchable como una garrapata a un perro, tumbándonos hacía el interior en busca de refugio. Conseguimos acabar sin ningún percance y fue realmente divertido, pero creo que algún día se les puede ir de las manos. Al terminar entiendes por que te hacen firmar unos papeles antes de empezar con los que literalmente se limpian las manos si te pasa algo. Vaya locura 🙂