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Gili islands

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Antes de llegar a Lombok ya lo teníamos prácticamente decidido: unos cuantos días de sol, playa y buceo en las cercanas islas Gili.

Estas islas son un destino turístico habitual pero con grandes diferencias entre ellas, dependiendo de lo que busques. Todas ellas se pueden recorrer andando fácilmente siendo la más grande (Gili Trawangan) la más visitada y movida.

Cogimos una patera en toda regla desde el cercano puerto de Bangsal, de estas que salen cuando se llenan, pero llegamos sin ningún problema. La primera elegida fue la isla de Gili Air. Más tranquila que la mayor pero con más movimiento que la otra. Fue una gran elección ya que la isla tiene mucho encanto, no hay coches, los atardeceres son increíbles, y disfrutamos con tranquilos paseos y haciendo esnorquel con tortugas y peces preciosos. El cuerpo se había resentido al no parar tras los diez días de meditación y nos pedía pausa otra vez. Pasamos dos noches tranquilamente y nos pusimos en marcha otra vez.

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Los siguientes cinco días nos fuimos a Gili Trawangan. Volvimos a coger otra patera, esta vez más tranquilos, pero esto no tardaría en cambiar. A mitad de camino vimos una barca prácticamente igual que la nuestra boca a bajo y con toda la gente alrededor, en el agua, agarrándose al borde mientras esperaban a que los sacasen de allá. Se nos cambió la cara por completo. Aún y todo, creo que quedó en un susto ya que la gente no tardó en llegar al puerto en otros barcos. Vaya show.

Lo gente suele venir a esta isla para salir de fiesta, pero al coincidir con el Ramadán a partir de las 00:00 no había música en ningún sitio. De todas formas, nuestro mayor objetivo era bucear y tampoco nos apeno mucho. Buscando un sitio donde los grupos fuesen pequeños fuimos a parar con un Víctor, un tipo muy majete de Castellón. Enseguida conectamos bien y decidimos hacer tres inmersiones juntos. Julen no hizo más, pero yo realicé otras dos para poder sacarme el Advance de buceo (por fin). Y mereció la pena. Los buceos fueron muy buenos (tiburones, un pez piedra increíble, tortugas, enormes bancos de peces, un Napoleón, un buceo nocturno con plancton fosforito …) y la compañía fue sensacional. Nos juntamos también con una chica suiza y otra de Castellón, y lo pasamos en grande. Buceamos, comimos juntos, salimos de fiesta para celebrar mi graduación, jugamos a Beerpong, charlamos, conocimos un montón de gente muy simpática … buenos días donde creamos una pequeña rutina y nos olvidamos que en pocos días tendríamos que volver a hacer la mochila …

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Indonesia es uno de esos países que requieren tiempo y siento que no le he dedicado el suficiente. Me he quedado con ganas de explorar más a fondo alguna zona, ir a otras que no hemos podido visitar, y haber obviado alguno de los destinos más turísticos (Bali, principalmente). La diferencia entre cada zona es muy grande, pero la gente a resultado siempre muy amable, la comida buenísima (comenzando por el clásico Nasi Goreng) y la naturaleza espectacular. Paisajes y formas de vivir muy diferentes dentro de un mismo país. Creo que será uno de esos países que seguiré queriendo visitar y conocer más a fondo.

Sulawesi: Tana Toraja

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Llegamos a Makassar, ciudad principal de la enorme isla de Sulawesi, pero aún nos quedaban unas cuantas horas de espera hasta coger un autobús nocturno para llegar a Rantepao, en Tana Toraja. Esta es una zona famosa por sus ritos funerarios principalmente, los cuales suelen durar varios días.
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Su alcance depende del estatus social del fallecido y nosotros fuimos testigos del más grande del año, según nos dijo nuestro guía. Toda la gente de la zona se concentró en el espacio preparado para las ceremonias y el lugar estaba repleto de búfalos y cerdos que los visitantes habían regalado a la familia del fallecido. Esta apunta los regalos recibidos en una lista, y así, cuando se torna la situación, cada uno sabe lo que recibió de esta o aquella persona, devolviendo así el regalo.
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La celebración que vimos se basó en bailes, músicos, pequeñas procesiones de los invitados, mujeres sirviendo y muchísimo colorido. Una celebración en toda regla.
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Satisfechos ya con la visita, el guía nos condujo a ver una pelea de bueyes que duro unos pocos segundos (unos de ellos salió pitando enseguida) y a dos tipos de cementerio.
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El primero con menhires de diferentes tamaños (cada uno de ellos pertenece a un solo fallecido y al igual que las ceremonias cuanto mayor estatus social tengas, mayor es el pedrusco) y el segundo con piedras enormes con agujeros donde en su día metieron los cadáveres (hoy día los esqueletos están a la vista de quien quiera mirarlos).
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Me resultó muy curioso lo importante que es el estatus social y la forma de mostrarlo. Los bueyes, por ejemplo, cumplen un papel muy importante en ello. Cuantos más tengas, más importante es tu estatus social. Pero ni siquiera los usan en el campo y los cuidan mejor que a cualquier otro animal. Los bañan y los alimentan lo mejor posible, pero no parecen tener mayor función que el intercambio. Cuando alguien mata uno reparte la carne entre la gente del pueblo para que no se pierda y así se van turnando. Eso nos contó el guía al menos.
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El segundo día nos fuimos en moto hacía la zona norte, donde llega menos gente y no están tan acostumbrados a ver turistas. De echo, nuestro guía nos llevó a ver una pelea de gallos y a la llegada todo el mundo se nos quedó mirando. Aún así pronto se olvidaron de nosotros y fuimos testigos otra vez de las crueles peleas mientras la gente sacaba billetes de los bolsillos sin recelos.
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A la vuelta, esta vez tocó una boda. Todo el poblado y gente de los alrededores se encontraba esperando a que la pareja llegase de la iglesia (en esta zona son mayormente protestantes) para poder comenzar el festín. Estuvimos charlando con la gente local mientras tanto, y fueron muy amables. Aprendimos algo del dialecto local, nos ofrecieron su propio licor de arroz y comimos juntos, principalmente cerdo cocinado dentro de cañas de bambú.
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Aquella noche la pasamos en una de las casas tradicionales de la aldea donde principalmente guardan el arroz lejos de los roedores. De hecho, la familia vivía en otra casa al lado, y esta tan solo la utilizaban cuando tenían que arreglar algún asunto familiar. A la mañana siguiente tras volver a desayunar cerdo con arroz, volvimos a Rantepao. Por el camino hicimos una parada para ver un cementerio de niños donde descansaban en pequeños agujeros dentro de los árboles y un animado mercado de animales (principalmente bueyes y cerdos).
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Y cuando llegamos a Rantepao fue cuando el cerdo comido nos pasó factura a ambos. La mayoría era tocino, cocinado de aquella manera, y nos sentó fatal. Al menos pudimos descansar unas horas antes de volver a coger el autobús de vuelta a Makassar. Cosas que pasan.
La visita a esta isla fue más corta de lo deseado pero mereció la pena el viaje. Al día siguiente teníamos que volver a coger un vuelo, esta vez a la isla de Lombok, ya con ganas de descansar otra vez y acabar tranquilamente nuestro periplo por Indonesia. Japón estaba al caer.

Curso Vipassana, Yogyakarta, Bromo

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Resulta complicado explicar lo que supusieron los diez días de meditación, y además creo que es mejor resultar algo superficial para que a quien le pique la curiosidad se anime y viva su propia experiencia.

Digamos que “Vipassana” viene a decir “ver las cosas tal y como son”. Es un método basado en la auto-observación, sin pretender cambiar nada. Aprendes poco a poco a ser más ecuánime (no querer que las cosas “buenas” perduren ni que las “malas” terminen), con lo que acabas por imaginar menos el futuro y divagar menos en el pasado. Te centras en el presente, sea cual sea, intentando no hacer valoraciones. Personalmente nunca había experimentado nada parecido y los que me conocéis mejor sabéis que no soy muy dado a este tipo de cosas. Aún así, he de reconocer que me ha impresionado y que ha merecido la pena.

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Aceptar de antemano ciertas normas que debes respetar durante los diez días (silencio absoluto, ningún tipo de comunicación con los demás salvo con tu maestro, no mentir, no matar, nada de intoxicantes, dejar a un lado cualquier rito relacionado con cualquier religión y abstenerse de cualquier tipo de actividad física o sexual) ayuda q que la experiencia resulte algo más liviana. Aún así, el horario es aplastante: levantarse a las cuatro, once horas de meditación al día e ir a dormir sin cenar.

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Respecto a la técnica, diré que la enseñanza el método es progresiva, y que cada noche tienes que escuchar una grabación en la que te cuentan lo que harás el día siguiente además de varias historias que ayudan a comprender la filosofía el la que se sustenta. Primero se empieza luchando contra todos los pensamientos que nos invaden a cada momento para poder así concentrarnos en las sensaciones, y poco a poco estas van resultando más sutiles. Lo más duro (y donde más progresas) comienza el quinto día cuando tienes que sentarte a meditar una hora tres veces al día con la fuerte determinación de no moverte. Y aquí, la ecuanimidad mental y la concentración marcan la diferencia. Para mi resultaba algo imposible de conseguir en un principio y me sorprendí a mi mismo a partir de la tercera vez que lo intenté. Es impresionante como puedes llegar a relativizar las sensaciones cuando no priorizas entre ellas.

Resumiendo, solo puedo animaros a probarlo. Hay centros en todo el mundo, y merece la pena el esfuerzo. Y digo esfuerzo, porque diez días se hacen muy largos y seguramente habrá momentos duros que tendréis que superar. Espero que el que se anime me cuente sus experiencias.

PS

Al acabar el curso, tocaba ponerse en marcha otra vez y tras diez días “encerrados” no paramos en los siguientes días. Fuimos primero a Yogyakarta donde nos encontramos con un compañero de meditación y su novia, y la visita resultó muy interesante. Gente muy simpática, arte tradicional y el majestuoso templo de Borobudur. Por no mencionar un corte de pelo con una maquinilla a la que se le caían las piezas, unas tijeras que más que cortar desgarraban y una peluquera que acabo ofreciéndome un “massage” (ahora voy si, espera un minuto).

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Siguiendo hacia el este por la isla de Java llegamos hasta la zona del volcán de Bromo. Ya en el camino conocimos a una pareja de holandeses, y estuvimos juntos durante los dos días de visita. Nos levantamos temprano para ver el amanecer dejando la zona volcánica a nuestros pies, y después nos dedicamos a subir los dos volcanes cercanos.

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Están rodeados de un mar de ceniza con lo que el paisaje lunar resulta sobrecogedor. En volcán Bromo parece una enorme chimenea que no deja de emanar humo, y el templo hinduista a sus pies le da cierto aire dramático a la zona. Parece increíble que lo construyesen ahí.

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Tras la primera semana en Bali y el curso de meditación apenas quedaba tiempo, así que nos dirigimos a Surabaya para coger un avión a la isla de Sulawesi. La ciudad no tiene nada de especial pero yo tube la suerte de poder disfrutar de lo lindo jugando a futbito con la gente local. Muy sanotes y simpáticos. Da gusto.

Bali

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Llegábamos a la isla de Bali con la ilusión de sumergirnos en otra tierra, otra cultura, y el comienzo fue un chasco. No tardamos en darnos cuenta de que es un destino turístico muy conocido, especialmente para los australianos. Teníamos un mes de visado que tramitamos a la llegada en el mismo aeropuerto, pero como íbamos a estar unos días más, teníamos que extenderlo. Y lo peor de esto fue que los tramites duran una semana en la que tienes que pasarte por la oficina tres veces, a no ser que lo hagas por medio de una agencia.

Esto nos dejaba una semana en Kuta y alrededores, siendo esta la zona más turística de todas. Lo normal es llegar a Kuta, estar un día o dos para salir de fiesta y marcharte hacía el norte, pero nosotros no teníamos mucho margen con el tema del visado. De lo poco que disfrutamos allá fue la playa, con sus enormes olas que rompen por completo al mismo tiempo, siendo muy sencillo aprovechar la fuerte espumilla para gozar con los primeros pasos haciendo surf.

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Con los dos días de margen que nos dejaban las visitas a la oficina de inmigración, nos las apañamos para intentar salir de Kuta.

Los dos primeros días alquilamos una moto, nos sumergimos en el caótico tráfico de Bali, y visitamos algunos de los templos de alrededor. El primero fue Pura Tanah Lot, situado en lo alto de unas rocas en la costa. El sitio es bonito, pero ni puedes subir al templo, ni puedes sacar una foto en la que la zona no este abarrotada de turistas.

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Fue algo decepcionante y lo mejor de la visita ocurrió de camino. Según tenia entendido es muy común que paren a los turistas que van en moto para multarles por cualquier cosa y ganarse un buen pellizco. Y lo peor que puedes hacer, es pararte. Así las cosas, a los 15 minutos de ir con Julen en la misma moto, un agente me indica que me pare, que tengo las luces apagadas. Miro alrededor y veo gente sin casco, sin luces, conduciendo alocadamente… y pienso: si señor agente si, ahora me detengo para que me cruja usted. Me hice el loco, frené un poco, y cuando vi el hueco aceleré y giré a la izquierda por donde estaba el templo. Con el tráfico que hay y lo que les cuesta moverse es imposible que te sigan, y la mayoría de los locales hacen lo mismo. La cosa salió bien, más vale.

Al día siguiente fuimos hacía el sur, una zona algo más tranquila. Visitamos primero Pura Luhur Ulu Watu, un templo situado en la cima de un acantilado. El templo no es gran cosa pero el enclave es precioso. Incluso vimos tortugas nadando desde las alturas del templo.

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Siguiendo por el sur fuimos a unas playas muy chulas donde la gente suele ir a surfear, pero las olas eran demasiado para nuestra justita experiencia. Había un campeonato de surf, para que os hagáis a la idea.

La siguiente escapa fue a la cercana isla de Nusa Lembongan. Un sitio muy tranquilo donde desconectar del ritmo de Bali. Pasamos un par de noches sin apenas hacer nada. Paseitos, amago de “Full moon party”, un pequeño tour para hacer snorkel y ver mantas rayas (no tuvimos suerte), y poco más.

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Y por último, una visita a la zona de Ubud. Esta vez fui yo solo y por el camino conocí a una pareja de Uruguayos muy simpáticos con los que pasé los siguientes días. Ubud, famoso por la película “come, reza, ama” de Julia Roberts, también se ha convertido en un centro turístico y está algo abarrotado. Tiene alguna zona interesante como el “Monkey Forest” (solo si te gustan los monos), el mercado y algún templo, pero lo mejor es alquilar una moto y visitar los templos del norte.

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Alquilamos un par de motos, y en los dos días visitamos la mayoría de los sitios a priori más interesantes de la zona. También probamos una degustación de te y café (famoso en la zona por el café Kopi Luwak) y nos explicaron el proceso tradicional de su elaboración. La comida en la zona también me pareció muy buena. Merece la pena buscar un buen restaurante local y probar la cocina balinesa.

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Fueron un par de días en los que disfruté muchísimo de la nueva compañía (un auténtico placer haberos conocido, Mauro y Romina), e incluso pudimos ver la final de la Copa de Europa con una pareja de catalanes.

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Otra vez de vuelta a Kuta me volvía a juntar con Julen, cogimos los pasaporte por fin, y nos preparamos para volar a Jakarta al día siguiente. Parecía que no iba a llegar nunca pero el curso de meditación de Vipassana de diez días estaba al caer…