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Auckland, Hamilton, Auckland

Solo nos quedaba terminar el viaje en Nueva Zelanda con la guinda: vender la furgoneta. Éramos conscientes de que la temporada baja y el frío eran una realidad que nadie obviaba, y que con ello la cantidad de turistas mengua irremediablemente. Así las cosas, el objetivo estaba claro: tenemos que vender una furgoneta que sea más atractiva que la competencia. Y nos pusimos manos a la obra. Todo un día nos pasamos limpiándola de arriba abajo, cosiendo los rotos de los asientos e incluso poniéndole unas cortinas espectaculares. Nos fuimos repartiendo el trabajo y para final del día la furgoneta parecía otra.

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Con cuidado de no mancharla marchamos hacia Auckland, y tras renovar el registro, cambiarle el aceite y limpiarla por última vez, nos instalamos en un hostel y la dejamos lista para la venta. Pusimos carteles en varios hostels, pero claramente lo más efectivo es venderla en una de las ferias que se celebran todas las semanas.

Fuimos a la feria del sábado donde pagando 30 dólares teníamos derecho a estar allá todo el día. Pero, por fortuna, no hizo falta. A las dos horas una pareja de checos que fue la única en probarla decidió comprarla. Apenas nos regatearon el precio y con la venta acabamos pagando también los gastos del seguro y todo lo que habíamos invertido en ella. Vaya peso que nos quitamos de encima, pero hay que decir que la furgoneta tenía muchísima mejor pinta que las demás y funcionaba perfectamente. Esperamos que les vaya bien.

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Así las cosas, nos quedan casi dos semanas por delante en Auckland antes de volar a Bali. Y la verdad, no hay mucho que hacer. Nos dedicamos a celebrar con cerveza la venta y ganar un torneo de beer-pong, con el cual ganamos 75 dólares para gastar en cervezas y seguir con el ciclo.

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Y otra vez, la suerte nos acompañó. Estando tranquilamente cenando en el bar un chico se acerco al escucharnos hablar en castellano, aunque al hablar también en euskara estaba un poco confundido. Se llamaba Nacho (madrileño) y estaba con un amigo ingles llamado Chris. Desde el primer momento no paramos de reírnos con ellos y acabo siendo otra noche loca. Ellos venían de Hamilton donde viven en una especie de residencia donde están estudiando para ser pilotos de avión, y tras aquella noche nos invitaron a acompañarles unos días.

Así las cosas, esperamos un día para hacer unas consultas sobre los visados que íbamos a necesitar en adelante, y decidimos ir haciendo dedo hasta Hamilton, a poco más de una hora de Auckland. Nos habían dicho que era muy sencillo, y alguno contaba historias maravillosas. Nosotros lo que es, no tuvimos tanta suerte. Tras un par de horas un joven muy majete nos acerco un poco pero acabamos bastante lejos de la carretera general, con lo que tras intentarlo otra vez nadie paró. Se hacia tarde y tuvimos que replantear la situación. Nos estaban esperando con todo preparado para pasar un par de noches y no era plan de no llegar. Cogimos dos autobuses urbanos y finalmente llegamos a la estación de autobuses desde donde ir a Hamilton. No salió como esperábamos, pero la verdad, con las barbas que nos gastábamos y estando dos hombres, creo que era un milagro que alguien nos llevase, jajaja!

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Por fin llegamos allá y pasamos tres días con ellos en su residencia a todo lujo. Jugamos al ping-pong, bebimos alguna que otra cerveza (vaya ritmo, madre mía) y no paramos de reírnos. El segundo día además apareció una chica francesa que habíamos conocido en el hostel e imaginaros la alegría de la gente a su llegada en un sitio repleto de hombres, jajaja! Hay que decir que la gente fue muy simpática y la chica lo llevó bien.

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Chavales, ya sabéis lo bien que lo pasamos y lo agradecidos que estamos de lo bien que nos acogisteis. Esperamos poder cambiar las tornas la siguiente vez y poder juntarnos por el norte. Un fuerte abrazo majetones!!!! Miss you guys!

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Y tras pasar dos noches, otra vez a Auckland, está vez con todos los proyectos de piloto acompañándonos. La verdad es que en Hamilton no hay nada que hacer y estaban con ganas de salir. Volvimos a acostarnos a las tantas los dos días, y tras el fin de semana y despedirnos de estos dos nuevos amigos el cuerpo dijo vasta. Los últimos días no hicimos apenas nada, más que ir por fin al museo donde ver por fin algo de arte maorí  y ya de paso reliquias de la Segunda Guerra Mundial, ir a la biblioteca y actualizar nuestros descuidados blogs. Que falta les hacía.

Museo AucklandPS

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Eta momentu honetan (Maiatzak 28) jada Balirako hegazkinean gaude. Hostalean egin ditugun lagun mordoa agurtu ondoren goizean goiz Sydney-rako hegazkina hartu eta bertako aireportuan sei orduz egon ondoren, Balirantz abiatu gara azkenik.


Zelanda Berria oso herrialde polita izan da, eta asko disfrutatu egin dugu bertan. Esperientzia berri pila bat eta aho bete hortz geratzeko moduko paisaiekin gozatu dugu. Aldiz, kulturari dagokionez apenas nabaritu dugu ezberdintasunik ingalaterrako jendearekiko eta honek bukaeran aldaketarako gogoak ekarri dizkigu. Gogoz gaude egun bakoitzean, hasieratik amaierara, diruak erosi ezin dezakeen abentura berri bat bilakatzeko, eta hau zaia da bertan lortzen. Dena primeran atera zaigu, oroitzapen eta lagun on pilo bat daramatzagu motxilan, baina jada gorputzak beste zerbait eskatzen digu. Bidean gara Indonesia!

Rotorua, Tongariro N.P., Taupo

Como todas las historias contadas hasta ahora está también comienza viajando en furgoneta, pero nadie se puede imaginar como acabará.

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Nos dirigimos a la zona de Rotorua, una de las zonas donde la actividad volcánica es más evidente. Dejamos de lado la zona de los geiser (el principal parece que escupe agua solamente 21 veces al día) y nos vamos a ver la zona de la famosa “Changpane pool”. Hacemos un recorrido de dos horas siguiendo una pasarela y pasando diferentes zonas con nombres más espectaculares que la zona en si: que si la cueva del demonio, que si las puertas del infierno …. cada uno intenta ganar público como puede. Pero hay tres de ellas que si nos impresionan: “la paleta del pintor” (una amplia zona donde los colores varían tal como su nombre hace pensar), la propia “Changpane pool” (pese a tener menos burbujas de lo esperado) y un lago de color verde radiactivo impresionante. La visita a merecido la pena.

Paleta de pintarPS

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Lago verdePS

A la salida aprovechamos para pararnos en las pozas de barro donde el aire al salir crea una especie de efectos fecales muy curiosos. No hace falta mucha imaginación, la verdad. Aquí la mente traiciona a cualquiera.

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Nos queda toda la tarde por delante y lejos de ver cualquier otra cosa, decidimos disfrutar de verdad y dejar de ser un mero espectador. Y que mejor que ir a una zona de termas donde te puedes bañar. Pagamos los 18 dólares que más a gusto hemos pagado en todo el viaje, y nos dedicamos a no hacer absolutamente nada mientras la piel se va arrugando.

Salimos de allá como nuevos y preparados para otra caminata. Esta vez hemos puesto el dedo en el mapa sobre el Parque Nacional de Tongariro. Para nosotros, como buenos frikis, es una visita obligada donde conocer las tierras de Mordor. Decidimos jugar con nuestra suerte y pasar la noche en el parking de la entrada, jugando con las ganas del guarda de aparecer por la zona. El recorrido será de ida y vuelta, con lo que queremos salir temprano para llegar lo más lejos posible.

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Amanecemos temprano y sin ser importunados con la visita del guarda y para entonces ya han llegado varios coches. Parece que por fin hará un buen día y ha corrido la voz. Desayunamos, mochilas a la espalda y adelante. Enseguida empezamos a adelantar a la gente que se lo toma con tranquilidad y a la cual le esperará un autobús al otro lado del trekking. Cada vez hace más viento, se nota más el frío, pero vamos bien. A las dos horas de empezar llegamos a la desviación que marca la subida al Monte del destino, y como buenos hobbits no desaprovechamos la ocasión. El volcán está engullido por las nubes, apenas se ven los palos que indican el camino, pero seguimos adelante. A la media hora la cuesta ya es mucho más pronunciada, la piedra está suelta y subir resulta complicado a tramos. Seguimos adelante y pronto dejamos las nubes a nuestros pies, quedando visible la imponente cumbre del volcán.

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Tras hora y media hacemos cumbre y el viento helado que sopla sin complejos nos resulta difícil de soportar. Las piedras tienen una capa de hielo que no deja lugar a las duda sobre el frío que hace, y pensamos en como sería subir aquello en un día malo.

TongariroPS

Bajamos mientras las nubes se van disipando y para cuando llegamos abajo se han largado definitivamente, dejando a la vista todo el recorrido subido anteriormente. Así impresiona más la subida, está claro.

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Seguimos el camino principal, cada vez sopla más viento y el frío empieza a hacer mella otra vez. Tanto que cuando llegamos al desvío desde donde subir al volcán Tongariro decidimos no desviarnos, seguir tan solo un poco más adelante, mirar a ver que hay y dar la vuelta. Las nubes tapan casi todo el paisaje pero pronto el impresionante Red Crater queda al descubierto a nuestra derecha. Maravilloso.

Red craterPS

Pasamos un largo rato contemplándolo sin hacer caso del viento helado que nos zarandea. Apenas saco las manos de los bolsillos para sacar unas fotos y seguimos unos pocos metros más adelante hasta llegar al punto más alto de la ruta principal. El cambio de ladera nos regala un viento aún más fuerte y además todo está nublado. Decidimos esperar unos minutos y al final se abre un hueco entre las nubes, dejándonos sorprendidos con los tres preciosos lagos que escondían. Cada uno de un color más vivo que el otro. Sufrir un poco ha merecido la pena y esta vez si decidimos dar la vuelta llenos de satisfacción.

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La bajada es sencilla y poco a poco el viento disminuye y volvemos a entrar en calor. El invierno cada vez se hace más duro.

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Pocas cosas nos quedan por hacer antes de llegar a Auckland. De hecho, la promesa que habíamos hecho hace semanas y que en la última medición de confianza de Julen se situaba al 65 % tenía que coger forma o morir. Nos dirigimos a Taupo y apuntarnos el día anterior fue más fácil de lo esperado. Pasamos la noche algo nerviosos pero con ganas de vivir esta nueva experiencia.

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Nos levantamos sabiendo que ha llegado el momento. Desayunamos algo nerviosetes y nos dirigimos al aeródromo. Hemos decidido hacer el salto más alto, desde unos 4500metros (15000 pies) y ya no hay vuelta atrás. Nos ponen un video sobre seguridad (tan simple como que no tienes nada que hacer), firmamos un papel donde les absolvemos de toda culpa en caso de fallecimiento entre otras cosas, nos vestimos para la ocasión, nos presentan a nuestros monitores y a la avioneta.

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Me ha tocado un australiano grandote y muy majetón que se llama Marly y me recuerda a un amigo de la universidad. La avioneta va cogiendo altura poco a poco y la cabeza no para de darle vueltas a lo que está por llegar. A los veinte minutos decelera, abren la compuerta trasera, y comienzan a tirarse las cinco orientales que venían con nosotros, con una cara de acojone que no veas. Cuando se tira la primera y desaparece es cuando empiezo a ser más consciente de la situación. Ellas se tiran de una altura menor (12000 pies) pero en apenas cinco minutos yo estaré ahí, con las piernas fuera de la avioneta, cagadito perdido y esperando a que mi compañero nos tire a ambos dos al vacío.

Y ese momento no tarda en llegar. Primero se tira un francés y luego voy yo, dejando a Julen en último lugar. Para cuando me doy cuenta ya estoy en el borde. Me agarro al chaleco como si mi vida dependiese de él y noto como finalmente Marly empuja con los brazos y nos precipita al vacío. El corazón me pega un vuelco los primeros segundos y la adrenalina invade mi cuerpo. Pasan unos segundos y tras la señal ya puedo abrir los brazos…. y volar. El cuerpo se ha estabilizado y lo único que siento es la emoción de sentirme un pájaro. Grito y agito los brazos de la emoción. Giramos hacia todos los lados y apenas soy capaz de elegir donde mirar. Quiero atrapar cada momento, cada imagen y cada sensación y no soltarlas nunca. Pero todo pasa muy rápido y el minuto de caída es como un abrir y cerrar de ojos. Se abre el paracaídas y me deja pilotarlo un rato sobre el lago hasta poco antes del aterrizaje. Llego a tierra firme y Julen ya está esperándome con una cara de emoción difícil de controlar. Lo sé porque yo siento lo mismo. Una experiencia que no olvidaremos.

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Wellington y comienzo por la isla norte

Lasaitasun osoz esnatu eta gosaldu ondoren martxan jarri ginen ferria hartuko genuen lekurantz. Mapan nahiko hurbil zirudien baina azken momentuan googlemaps-en ibilbidea begiratzerakoan bi ordu eta erdi behar genituela ikusi genuen. Ferria hartzeko azken deialdia bi ordu barru baino gutxiago izango zela kontutan hartuta, arazo bat genuen. Planifikazio ona bai. Bi aukera: tiketa galdu eta 230 dolar ordaindu berriz ere, edo raly polit bat egin gure furgoneta super azkarrarekin. Ezagutzen nauzuenok badakizue bigarren aukera probatu genuela, jaja! Hortzak estutu, bolantea gogor eutsi eta aurrera. Gure zorionerako, itxiera ordua baino bost minutu beranduago iritxi ginen soilik, eta sarrera oraindik ere irekita zegoen. Librada polita.

Ferrian hiru ordu eta erdi eman ondoren Wellingtonera iritxi ginen, iparraldeko uharteko hegoaldean. Hasierako egunetan hostel bat hartu genuen asteburua iristear genuela gauean atera eta lasai deskantsatzeko, eta erabaki ona izan zen.

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Conocimos a un francés en el hostel que se compró a última hora una entrada para ver el partido de rugby entre los Hurricanes locales y los Crusaders y así acompañarnos, ya que nosotros la habíamos comprado poco antes. Era el primer partido profesional que veíamos y nos lo pasamos en grande. En la última jugada los Hurricanes a punto estuvieron de perder el primer partido de todo el campeonato con lo que casi cogemos complejo de gafes, pero al final todo salió bien. Bonita experiencia que teníamos ganas de vivir.

Solo faltaba celebrarlo, así que fuimos a tomar unas copas en un bar con música en directo donde lo pasamos en grande.

Al día siguiente tocaba el combate de boxeo del siglo. Miramos un bar donde lo televisaban y pasamos la resaca tranquilamente viendo como decepcionó el espectáculo. Demasiada expectación para tan pobre pelea.

Aún pasamos un par de días más en la ciudad. Aprovechamos para ir a un museo donde tenían una exposición sobre los neozelandeses que lucharon (y muchos de ellos fallecieron) en la Segunda Guerra Mundial, y nos encontramos con unas enormes representaciones de los protagonistas tan reales que impresionaban.

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Más tarde nos enteramos que en Wellington hay una zona donde trabajan haciendo todo tipo de materiales para películas (Weka Cave), incluidos aquellos muñecos, y no pudimos quedarnos sin visitarlo. Ya en la entrada tienen un pequeño museo con vestuario usado principalmente en la trilogía de El señor de los anillos, y decidimos hacer un tour por los talleres para ver como trabajaban. Estuvo entretenido pero no dejan sacar fotos. Vimos un montón de cosas usadas en películas (de lo más impresionante la armadura de Sauron), como las fabricaban y nos contaron algún que otro chascarrillo, con lo que la visita mereció la pena.

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Y para terminar con la ciudad, subimos el cercano monte Victoria desde donde capturar una buena panorámica de la ciudad.

Wellington panorama

Nuestra próxima parada decidimos que fuese el monte Taranaki (un precioso volcán con forma de cono perfecto), situado en la costa oeste. La previsión meteorológica no era buena y además es una de las zonas que peor clima suele tener de todo Nueva Zelanda, así que cuando llegamos nos encontramos con un cielo repleto de nubes y lluvia. La verdad, no se que esperábamos encontrar. Preguntamos en el DOC como estaba la cosa y nos dijeron que daban lluvia para los próximo días y era imposible subir a la cima. Así las cosas, sin siquiera ver el monte vuelta al coche y a replantear la situación.

Una de las cosas que nos quedaba por hacer era ver kiwis (la curiosa ave autóctona que no puede volar). Miramos en www.bookme.com (una página muy recomendada para encontrar ofertas en actividades) y encontramos un sitio de camino a Matamata, donde queríamos ver la famosa Comarca de El señor de los anillos. El sitio fue todo un acierto ya que al ser una ave nocturna les invertían el ciclo con luz artificial para poder verlos despiertos. Además trabajan a favor de su reproducción, lo que nos pareció interesante. El Kiwi es curiosísimo, es impresionante lo territorial que es que incluso atacaba al encargado de darle la comida (ahora te como, ahora de ataco, ahora te como ….) y son mucho más rápidos de lo que cabía imaginar. A parte de los kiwis también tienen un montón de aves y reptiles y disfrutamos con la visita.

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El día siguiente fue completo. Nos levantamos temprano y para entonces mi hermano ya me había enviado una foto de una cueva llena de gusanos de luz, que casualmente nos quedaba cerca. Esta es de pago y bastante cara por cierto, pero tenía muy buena pinta y al final nos animamos. La cueva, según nos contaron, es un sitio sagrado para los Maoríes y no te dejan ni sacar fotos. Adentro al principio haces un largo paseo sin mayor interés viendo diferentes formaciones y la parte final, aunque corta, es la que merece la pena. Te meten en un bote y recorres un pequeño lago dentro de la cueva, en el que el techo está repleto de gusanos de luz. El efecto con el agua es espectacular. De los sitios más bonitos que he visto en mi vida. Aún así, apenas tardas cinco minutos para atravesar el lago y salir a la luz por el otro lado.

Cogimos el coche maravillados todavía con el espectáculo de la cueva, y nos dirigimos hacia Matatama. Es un pueblo que Peter Jackson decidió poner en el mapa de turismo de Nueva Zelanda, ya que hasta que el llegara nadie solía visitar esta zona.

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De hecho, la Comarca está dentro de una zona privada y cabe pensar que a su dueño le tocó la lotería. Tienen montado un negocio que no veas, los turistas vamos haga frío o llueva, y la entrada cuesta 75 dólares, que se dice pronto. Allá te montan en un autobús y te dejan en la entrada con un guía, el cual te acompaña durante las dos horas de visita. A nosotros nos tocó una chica muy simpática que contaba un montón de chascarrillos, y la verdad es que el lugar nos gustó y resultó muy agradable de recorrer.

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Todo está cuidadísimo y además las huertas y demás son de verdad. Mucho trabajo para conservar todo perfectamente. Con la entrada te dan una cerveza que solo hacen allá para tomar en el bar de la película y hay ropa para disfrazarse y hacer el tonto. Una auténtica turistada que, a decir verdad, nos gustó. Que se le va a hacer. Tengo una cuadrilla algo friki, lo se 🙂

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Wanaka, Mt.Roy, West Coast, Mt.Owen

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Wanaka es uno de esos sitios en los que te quedarías a vivir. Una pequeña ciudad que va creciendo lentamente en las inmediaciones de un lago, rodeado de montes y vegetación.

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A la llegada, los colores de los árboles que estaban al lado del cartel que anunciaba la llegada ya nos dejaron con la boca abierta. No teníamos nada pensado para hacer y tras consultar en el DOC decidimos ir primero a un sitio donde reírnos un poco intentando hacer unos swings de golf, y a la mañana siguiente subir el cercano monte Roy.

Cuando llegamos al sitio de “Have a shoot”, enseguida nos dimos cuenta de que podíamos hacer mucho más que pegarle a una pelota de golf. Y aunque no somos nada pro-armas, decidimos al final probar el tiro de precisión, el golf, y el tiro al plato. Vaya risas nos echamos. La verdad es que la experiencia estuvo bien y sirvió para llenar la tarde.

Habíamos visto en la Lonely que había un cine bastante peculiar allá, así que antes de cenar nos acercamos a echar un vistazo. Se trata de un cine donde en vez de butacas hay sofás y coches donde sentarse y puedes comer lo que quieras mientras ves la película. Nosotros acabamos viendo una película en 3D y comiendo unos nachos terriblemente buenos y recién preparados para el inicio de la película. Cogimos un buen sofá y disfrutamos como enanos.

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A la mañana siguiente y tras haber dormido algo escondidos fuera de las zonas de acampada, madrugamos para llegar hasta las faldas del monte Roy. La cima se veía desde abajo y parecía una caminata corta y sencilla. Comenzamos a subir, y no tardamos en darnos cuenta de que la cima estaba bastante arriba y que la subida era bastante mayor de lo esperado.

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Durante la subida las nubes pronto quedaron debajo nuestra y el efecto con el lago era espectacular. Fue una subida entretenida y aunque se nos hizo más pesada de lo esperado llegamos a la cima sin ningún problema. Allá nos juntamos con una pareja de franceses y una mejicana y acabamos haciendo el camino de vuelta juntos. Buena gente.

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Para descansar nos fuimos a un camping muy barato y que estaba muy bien, pero a mí me acabo saliendo carísimo. De hecho, incalculablemente caro. Había una zona sin luz con unos sofás el cual era el único sitio donde poder cargar las cosas y acabé dejándome el disco duro allá con todas las fotos del viaje. Menudo bajón. Tengo algunas en el ordenador, puedo recuperar otras, está el blog… pero hay otras muchas que nunca recuperaré. Mucha gente a la que seguramente no vuelva a ver y muchos recuerdos que no quisiera olvidar. Imaginaros mi cara cuando me di cuenta. Tendré que volver a todos lados 🙂

Llegaba la hora de coger la carretera oeste e ir subiendo hacia el sur. Primero llegamos a la zona del glaciar Fox y Franz Josef, pero el tiempo era horrible y seguimos adelante. Julen había fichado un sitio al lado del mar con unas formaciones muy curiosas llamadas Pancake rocks, así que fuimos en su busca. La lluvia remitió durante el rató que estuvimos viéndolas, y pudimos disfrutar más tranquilamente de aquel lugar. Se trata de un fenómeno natural muy extraño con el cual las rocas se forman en láminas.

Panoramikoa

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Dimos una vuelta y al ir al DOC a preguntar sobre la zona dimos a parar con un neozelandes cuyo sueño era atravesar los pirineos de lado a lado. Manda narices. Siempre nos gusta lo que está más lejos.

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La mejicana que nos juntamos en el monte Roy nos había recomendado subir al monte Owen y como nos quedaba de camino hacia el norte decidimos darle una oportunidad. Cuando llegamos había llovido mucho y ni siquiera pudimos llegar al punto de partida al tener que atravesar un río intransitable en ese momento. Pero al día siguiente el tiempo mejoró y finalmente pudimos pasar e intentar subirlo. La ruta en este caso no tenía nada que ver con los preparados y turísticos Great Walks que recorren en país, y la subida nos resultó más complicada de lo esperado. Además la idea era subir al refugio, pasar un par de noches haciendo cima y bajar, con lo que teníamos las mochilas repletas. Incluso subíamos con vino y cervezas con la intención de darnos un festín. Julen cuenta la historia mucho mejor que yo, pero os diré que tras sufrir en la subida como cabrones, llegamos a un sitio en donde teníamos que seguir el cauce de un río con mucho agua y que estaba helada. Aún así, lo intentamos. Pronto aceptamos la derrota a regañadientes y dimos media vuelta, teniendo que hacer todo el camino de vuelta de noche y con frontales. Más vale que íbamos preparados porque si no, no se que hubiese pasado. En fin, cuidado al ir al monte en Nueva Zelanda.

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Llegamos a la furgoneta destrozados y apenas habiendo comido una manzana y unos cacahuetes durante todo el día, pero estábamos bien. Una aventura que difícilmente olvidaremos aunque ninguno de los dos sacase ni una mísera foto.

Al día siguiente el cuerpo se resentía del esfuerzo así que nos acercamos al cercano Nelson para ir a la biblioteca y no hacer gran cosa. Al día siguiente teníamos que coger el ferry desde Pigton para ir a la isla norte, y al no parecer estar muy lejos en el mapa, nos fuimos a dormir la mar de tranquilos …

Routeburn Track 1, Milford Sound, Queenstown, Routeburn Track 2

Tras cargar las pilas descansando cómodamente en un camping de Te Anau y llenar el depósito de la furgo (imprescindible cuando te metes por la siguiente zona) nos dirigimos hacia Milford Sound. Habíamos reservado un ferry para dar una vuelta por el fiordo a la mañana siguiente y mientras tanto por el camino había varias paradas interesantes que queríamos hacer.

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La carretera se va metiendo poco a poco en las montañas y el paisaje es precioso. Conduces casi todo el rato al lado de diferentes lagos y fueron muchas las paradas que hicimos para sacar fotos.

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También habíamos visto que el Routeburn track tenía uno de sus principios en la misma carretera, así que aprovechamos para hacer una caminata de medio día, subiendo a una montañita desde donde poder observar mejor la belleza de la zona. La nieve caída recientemente cubría suavemente las diferentes laderas y fue una bonita caminata. De hecho, nos quedamos con ganas de completar el trekking. Lo malo es que al no ser una ruta circular y estar con la furgoneta, la logística resultaba algo complicada.

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Pasamos la noche en una de las zonas habilitadas que hay por el camino y a la mañana siguiente ya nos dirigimos hacia Milford Sound. Uno de los puntos marcados en el mapa desde el principio. La carretera cada vez zigzagueaba más abriéndose paso entre las montañas, y se podían observar preciosos circos montañosos desde la misma carretera.

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La furgoneta aguantó como una campeona y por fin llegamos al túnel, punto de entrada a Milford Sound. Es un túnel que se recorre en un solo sentido y tuvimos que esperar al llegar. Pero, lejos de ser un inconveniente, una de las aves más emblemáticas de la zona nos deleitó con su presencia. Un Kea se acercó y merodeo entre nosotros en busca de la comida que algunos turistas le tiraban. Precioso.

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Cruzamos el túnel sin problemas y llegamos a la zona del puerto. Allá nos esperaba el inconfundible relieve del Mitre Peak y un fiordo tan oscuro como la noche, que intimida e impresiona a partes iguales.

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El trayecto en el ferry estuvo muy bien y creo que es la mejor forma de recorrer la zona. De par de mañana el frió fue intenso pero se aguantó bien. Recorrimos el fiordo acercándonos a diferentes cascadas hasta llegar a mar abierto, y la sensación de estar entre montañas y de repente salir a la mar me resultó impresionante. Como si una inundación se hubiese llevado todo un valle por delante. Eso es un fiordo, al fin y al cavo, pero era la primera vez que recorría uno.

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Contentos con la visita y con todo el día aún por delante nos dirigimos hacía Queenstown, capital mundial de los deportes de aventura.

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Y la carretera hasta la ciudad ya hizo que mereciese la pena. Una maravilla pero sobre todo el tramo final construido entre el lago y las montañas Remarkables.

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Ir Queenstown es uno de los tópicos en Nueva Zelanda. Una ciudad muy bonita en la que acabaríamos pasando casi una semana. Nos alojábamos a las afueras en un aparcamiento al lado del río y al estar cómodos y tener tantas cosas que hacer, el tiempo pasó volando.

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Durante esos días nos tiramos con una especie de trineo con ruedas por un circuito ( Luge. Muy divertido), fuimos a toda leche en una lancha por el río pasando cerca de los peñascos y dando vueltas de 360 grados (bien, pero parece más de lo que es), nos dimos una paliza de 60km en bici por los alrededores (todo estaba precioso con el otoño), nos compramos un par de frisbees y jugamos en el circuito permanente de Frisbee-golf (muy muy divertido y es gratis), visitamos un bar hecho con hielo, paseamos tranquilamente, nos afiliamos a Domino´s Pizza y nos tragamos la trilogía extendida del señor de los anillos.

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En definitiva, fueron unos buenos días para disfrutar de paisajes de postal, hacer cosas nuevas y divertidas, no pensar demasiado y cargar pilas.

Otra vez ya con ganas de andar un poco salimos hacía Wanaka, parándonos primero en el otro extremo del Routeburn track (el mismo trekking que hicimos de camino a Milford Sound), para hacer una etapa de ida y vuelta tan larga como pudiésemos. Todo el mundo nos había hablado muy bien de esta caminata y la verdad es que lo que vimos nos gustó mucho.

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Tras atravesar una larga planicie por el bosque está vez subimos más alto y arriba esperaban un gran lago y una imponente catarata que le daba de beber. Una pena no haber pasado la noche y explorar más la zona porque teníamos que andar con cuidado de no volver tarde a la furgoneta. Otra vez será.

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