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SINGAPUR 2/2

Los planes en los siguientes días siguieron el mismo camino: tranquilidad, descanso, paseítos y bien de Wifi. Tanta era la relajación que teníamos que dejamos el trámite del visado a Australia hasta última hora y casi nos da un disgusto. No pensábamos parar en este país, pero para volar a Nueva Zelanda habíamos comprado dos billetes por separado, el primero de ellos hasta Australia. Y al tener que cambiar de terminal, tienes que sacarte el visado para poder salir. Fuimos a la oficina de tramitación de la visa, nos dijeron que lo hiciésemos por Internet, y cual fue la sorpresa que teníamos que esperar a la confirmación ¿Que raro no? Un poco pardillos ya fuimos ya… acabamos enviando unos cuantos emails implorando una rápida resolución ya que el fin de semana estaba al caer y como es normal la gente no suele trabajar. Aún teniendo en cuenta nuestra pobre planificación, contra todo pronóstico, un día después de hacer la petición teníamos los dos el visado confirmado y listo para presentarlo a la llegada. Vaya librada. Viajando solo siempre he tenido más cuidado con estas cosas pero cuando vas con alguien es inevitable relajarse un poco.

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Nuevo templo budista en Chinatown

Por lo demás, seguimos disfrutando de la compañía, la ciudad y las comodidades del complejo donde estábamos. Incluso nos animamos a ir un par de veces al gimnasio. Llevaba nueve meses sin ir a correr y para mi sorpresa, tenía ganas y todo. Y como no, salíamos a la noche también, aunque para cuando nos decidimos a ir a algún bar o no nos dejaban entrar por no llevar la vestimenta adecuada o estaban cerrados. Muy pijo todo para nuestros atuendos de mochileros, jeje! Tomar nota.

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Durante nuestra estancia allá, tan solo llovió dos días. Uno en el que hicimos barbacoa al lado de la piscina y otro en el que fuimos al aquapark. Ya es casualidad también… la carne nos la comimos igual de a gusto, pero el aquapark lo cerraron por la tormenta. Algo desanimados nos dieron la oportunidad de ir al Aquarium, y aunque sabia un poco a premio de consolación, fue toda una sorpresa. Una pasada de instalaciones y con una cantidad de peces y animales marinos diferentes que nos sorprendió a todos. Muy recomendable.

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Una de las cosas con las que más disfruté en la ciudad es paseando a la noche. El ambiente es tranquilo, sin apenas tráfico, y la gente aprovecha los momentos más frescos del día para salir a la calle, practicar deporte, o cualquier tipo de actividad. Una de esas noches salí con Julen dejando a Jon y Zoe descansar un poco de nuestra ocupación, y el paseo fue una gozada. Vimos a la gente todavía haciendo una interminable cola para dar el último adiós a Lee Kuan Yew, grupos de gimnasios haciendo los ejercicios en los parques, charlas en mitad de la calle, una zona donde la gente jugueteaba con sus drones de colores, mucha gente sentada alrededor del lago tomando algo y charlando tranquilamente… un ambiente muy acogedor y perfecto para pasear y contemplar la vida que esconde esta gran ciudad.

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La verdad es que disfrutamos mucho de esa semana. La compañía fue genial, se preocuparon por hacernos sentir cómodos, nos hicieron de guías, nos reímos, y siempre gustosamente. Espero que volvamos a coincidir pareja. Ha sido un placer conoceros y compartir esos días con vosotros. Milesker por aguantarnos durante tantos días. Besarkada handi bana y hasta la próxima!!

Como broche final, cogimos un taxi para ir al aeropuerto y no paramos de reírnos con el taxista. Vaya diferencia comparándolo con la llegada al país… hay que tener paciencia 🙂 Y que decir del aeropuerto… una atracción en si mismo. Además de innumerables tiendas y establecimientos, tiene jardines interiores y exteriores, zona con ordenadores y videoconsolas, cine, gimnasio, sala relax… como para pasarte es día tranquilamente hasta aque te das cuenta de que has perdido el avión. No, no lo perdimos pero no hubiese sido tan grave 🙂

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Siguiente destino, Singapur. Julen conoce a una pareja de Gasteiz, Jon y Zoe, que están viviendo allá y amablemente nos iban a acoger durante una semana. La ciudad es bastante cara, así que teniendo alojamiento era una buena oportunidad para conocer la ciudad.

Ya antes de llegar, la cantidad de barcos que había alrededor nos sorprendieron. Allá tienen uno de los puertos con mayor movimiento del mundo, así que no era de extrañar. Lo que si nos acabaría extrañando más son algunas peculiares leyes que rigen este país. Desde la prohibición de tirar chicles al suelo (ni siquiera los venden), a la penalización por no presionar el botón del agua antes de irte de un baño público. Sin olvidar los castigos a base de varazos ni la notoria obsesión por la limpieza. No he visto una ciudad tan limpia en mi vida.

Cogimos un taxi desde el aeropuerto y nos dimos cuenta a medio camino que el conductor no sabía a que sitio teníamos que ir. Estábamos cansados, con poca paciencia, y su actitud tampoco ayudo mucho. Al final, decidimos bajarnos del taxi al parecer cerca de donde teníamos que ir, y en 5 minutos ya habíamos encontrado nuestro destino.

Resulta que la pareja vive en una especie de complejo muy elegante, con piscina, gimnasio, sauna y servicio de limpieza. Una auténtica gozada, donde disfrutaríamos de todas sus facilidades. El apartamento era muy elegante, y aunque acabamos durmiendo en el sofá y en el suelo con los cojines del sofá, estuvimos la mar de cómodos y nos cuidaron realmente bien. Yo no conocía a los anfitriones pero enseguida me hicieron sentir como en casa. Gran pareja.

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Al día siguiente, aprovechando que tenían cocina, nos fuimos al super y por fin podría cocinar lo que quisiera. El primer menú fue una simple ensalada de pasta que supo a gloria. Como se echan de menos estas pequeñas cosas cuando viajas.

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Ya a la tarde nos llevaron a dar un paseo alrededor del río, llegando a la zona más moderna. Vimos dos de los tres Merluzonez (símbolos de la ciudad), llegamos a la zona del graderío del circuito urbano de F1, vimos el famoso hotel con su “barco” en la azotea ( Marina Bay Sands), atravesamos un centro comercial y un moderno parque con unos arboles artificiales con cierto aire todo a la película Avatar, paseamos tranquilamente y acabamos cenando en “China Town”. Un paseo muy bonito y agradable.

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Interior del Marina Bay Sands

Para entonces ya nos habíamos percatado de la triste noticia que había conmovido el país y por la cual todas los “shows” de luces que solía haber a diario estaban cancelados durante, exactamente, toda la semana que íbamos a pasar allá: la muerte de primer ministro Lee Kuan Yew. Pieza clave en el cambio que el país a vivido en las últimas décadas. Había recordatorios en todos los lados, y mucha era la gente que esperaría en los próximos días para poder mostrarle sus respetos al querido padre de la moderna Singapur. La verdad, sentí envidia al ver el respeto y el cariño que emanaba en los ciudadanos aquel líder.

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El tercer día, tras pasar una mañana vageando y enchufados al Wifi (cosa que pasaría a menudo), nos movimos para ir a un mirador en lo alto de un rascacielos y para ir de compras. El mirador se encontraba en un edificio lleno de tiendas en las que tienes que contar los ceros antes del punto, pero, por extraño que pareciese en ese entorno, era gratuito. Las vistas resultaron muy impactantes, rodeados de enormes rascacielos, lleno de construcciones modernas y con los barcos mercantes al fondo. Y todo eso juntó con incontables puntos de vegetación que hacen respirar a la gran ciudad, dándole el equilibrio necesario del cual suelen carecer estas grandes ciudades.

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Después tocaba ir “de tiendas”. Julen acabó comprándose una Tablet para poder darle caña a su blog (www.thewalkingkong.wordpress.com), y aprovechamos también para comprar la Lonely Planet de Nueva Zelanda en una librería que más parecía una biblioteca. Un tesoro para los amantes de los libros.

Llegamos cansaditos al apartamento, pero para todo hay solución en este sitio. Bañito en la piscina, y a disfrutar del relax.